En cualquier saga tradicional son los personajes los que cautivan. Sea la del Rey Arturo con su infiel, pero romántica reina, Ginebra, enamorada de Sir Lanzarote, en el ciclo anónimo de romances de la Edad Media. O ya se trate de Don Quijote y Sancho Panza, el caballero del Verde Jubón, el titiritero y otros, en la novela barroca de Miguel de Cervantes Saavedra. O inclusive la más actual serie de Harry Potter, de J.K. Rowling, con el malo Voldemort (Tom Riddle), o el bueno Albus Dumbledore, la simpática y sabihonda Hermione y el aparentemente tonto Ron Weasley, amigos del héroe Harry.
Algo similar sucede en Juego de tronos / Game of Thrones, de la serie Canción de hielo y fuego / A Song of Ice and Fire (1996- 2011), de George R. R. Martin, que ha cautivado a los suscriptores de la Home Box Office, HBO, en la televisión, y a los lectores que la convirtieron en un bestseller en el año en que comenzaron a publicarse los libros que aún se están escribiendo.
En esta serie, que se clasifica de fantástica, como lo fueron los ciclos del Beowulf y del Gilgamesh, no son solamente esenciales los personajes para el desarrollo de la trama, sino las familias y clanes a los que pertenecen, como si estuvieran viviendo la época feudal de la Edad Media europea. Cada uno tiene su ámbito o región, su señal, su pendón heráldico, sus colores, su familia, su legado. La geografía donde se desarrolla la saga se parece a la de las Islas Británicas.
¿Cómo pudo Martin pensar en esa cantidad enorme de personajes con familias y servidores que parecen llegar al infinito? No en balde él alude a la dificultad de reconocerlos al principio de la serie. “Dicen que en los detalles está el demonio. Un libro tan largo como éste tiene muchísimos demonios, y hay que estar alerta para no caer en sus garras”.
Por suerte se le ha ocurrido poner en los apéndices de cada volumen, listas completas de todos ellos, señalando quiénes son los líderes, sus familias, sus servidores y sus guardias. Imposible recordarlos. Pero está uno tentado a buscar los errores, como le instó en una oportunidad a sus críticos Gabriel García Márquez, al indicarles que no habían notado fallas en las relaciones de algunos de sus personajes en Cien años de soledad.
Eso podría suceder aquí, pero Martin encabeza cada capítulo con el nombre del personaje desde el cual se está vigilando la acción, desde sus mentes, para saber sus pensamientos e intenciones. Es desde su punto de vista, uno distinto en cada capítulo, que se cuenta la historia general. Es un desarrollo lineal, pero como si estuvieran filmando para televisión, todas las escenas aparentemente simultáneas, pero que solamente se pueden leer y ver en sucesión.
Esta saga ya ha cumplido con extraordinario éxito dos años por HBO, trasmitida en inglés y doblada al español. Por lo que ahora Vintage Press ha decidido sacar de nuevo a la luz en castellano dos volúmenes de la serie que fueron editados anteriormente por Gigamesh, Barcelona en 2002, y en México por Random House, Mondadori, en 2011. Son muy buenas las traducciones de Cristina Macía, Adela Ibáñez y Natalia Cervera, que revelan en español el fantástico vocabulario y la capacidad descriptiva y narrativa de su autor en el idioma inglés original. •

























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