Los pacientes con cáncer de hígado, por lo general tienen pocas alternativas de tratamiento: quimioterapia directa al hígado (quimioembolización), remoción de parte del hígado, o trasplante de hígado.
Ahora, millones de pequeñísimas esferas radioactivas pueden inyectarse directamente en la arteria principal del hígado para ayudar a destruir los tumores en un proceso llamado radioembolización. El tratamiento se usa principalmente para tratar a pacientes con carcinoma hepatocelular irresecable (HCC, por sus siglas en inglés), la forma de cáncer primario más común del hígado.
Las esferas, que tienen un tercio del espesor de una hebra de cabello humano, son insertadas por un catéter en la arteria hepática, una de las dos arterias que suple sangre al hígado. (La otra es la vena portal hepática).
Las esferas se alojan en el tumor, emitiendo radiación durante varias semanas. Los pacientes reciben tratamiento cada cuatro semanas, usualmente como un procedimiento ambulatorio.
Los estudios han demostrado que la tasa general de sobrevivencia con el tratamiento va desde un mínimo de tres meses a tres años, de acuerdo a la investigación de Radiology Today.
Hay dos compañías que manufacturan las esferas. Nordium, con base en Canadá, le llama a su tratamiento Therasphere y utiliza esferas de cristal. La otra, Sirtex con base en Australia, utiliza esferas de polímero en un tratamiento llamado SIR-sphere. Ambos tratamientos usan yttrium-90, un radioisótopo que emite radiación beta pura.
El Dr. Shaun Samuels, radiólogo intervencionista del Instituto Cardíaco y Vascular Baptist, dice que ambos tratamientos trabajan de la misma manera. Explica que la única diferencia es que las esferas de SIR-sphere tienen menos radioactividad por partícula, lo que significa que tiene que utilizarse mayor cantidad por tratamiento.
El tratamiento consta de un proceso de dos pasos. El primer paso, una arteriografía, involucra tinta inyectada en los vasos sanguíneos del hígado para determinar cómo fluye la sangre a través del hígado. Samuels lo describe como un mapa de carretera de las arterias; sin el mapa, las esferas corren el riesgo de moverse a otro lugar en vez de los tumores. Si hay vasos sanguíneos que van al estómago o intestino, necesitan ser bloqueados permanentemente.
El próximo paso es el estudio de perfusión MAA. En éste, un isótopo radioactivo, technetium, se inyecta a través de la parte superior de la pierna utilizando un catéter, a través de la arteria femoral y hasta la arteria hepática. El technetium actúa como un tinte y muestra cuánta sangre fluye desde el hígado del paciente a los pulmones. Si la sangre que fluye es mayor a un 20 por ciento, va a llegar demasiada radiación a sus pulmones. Puede ser necesario bajar la dosis o puede ser que el paciente necesite un tratamiento diferente.
Después de que se realizan los dos pasos y la dosis es calculada, el paciente está listo para que se le coloquen las esferas en la arteria hepática. Un oncólogo de radiación es quien único puede manejar el material radioactivo.
“Hay que planificar esto como un juego de ajedrez”, dice el Dr. Samuels. “El procedimiento requiere gran diligencia con todos los involucrados”.




























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