Isabel Allende es una de las autoras en lengua española que mayor reconocimiento tiene en la actualidad. Sin duda alguna, es una mujer con mucho talento, inteligente y con quien da gusto conversar. Hemos aprovechado una visita suya a Miami para que nos hable de su experiencia en cuanto a la escritura y la publicación de la Literatura.
Sería extraño encontrar a lectores de literatura latinoamericana que no hayan leído La casa de los espíritus (1982), Eva Luna (1987), Paula (1994), La hija de la fortuna (1999) o Inés del alma mía (2006). Esta lista se completa con otra serie de títulos quizás menos conocidos, entre los que selecciono: De amor y de sombra (1984), El plan infinito (1991), La ciudad de las bestias (2002); la última novela publicada: El cuaderno de Maya (2011); tres piezas de teatro y una obra verdaderamente exquisita, que no debería faltar en nuestras bibliotecas: Afrodita (1997).
Isabel Allende ha vivido la mayor parte de su vida en Estados Unidos. “Cuando tú me preguntas ‘¿qué eres?’, yo digo: ‘chilena’. Es que uno lo tiene tan adentro… la lengua, los ancestros, las costumbres, un sentido de la vida, de la familia, que no se pierde”. Según sus palabras, donde más segura se siente es en el terreno de la Literatura, así que comenzamos nuestra charla en ese punto.
“No me siento segura con ningún libro, porque cada libro es distinto”, explica Allende. “Cada libro es como una aventura en la que tienes que inventar todo de nuevo. En todos estos años en los que llevo escribiendo trato de no repetir los mismos errores; aunque siempre aparecen nuevos errores. Pero sí, yo me siento más segura en la Literatura porque en una novela uno controla las circunstancias, más o menos, por supuesto los personajes acaban haciendo lo que quieren, pero es un universo que tú construyes palabra a palabra, día a día. La vida no es así. En una novela hay un cierto orden; tú le das el orden que sea, cronológico… el que le quieras dar. La vida no tiene orden: la vida es caótica, todo sucede casi simultáneamente y en la memoria de uno todo está confuso”.
¿Por qué sigue escribiendo la ficción en español si lo demás que escribe y el resto de su vida transcurre en inglés?
Yo creo que la ficción, al menos en mí, no pasa por un proceso intelectual. Es como soñar, que no se traduce dentro de la cabeza sino que sale. Yo podría, haciendo un esfuerzo, escribir en inglés; pero necesitaría todo un filtro de diccionarios, de editores, que no los necesito en español.
Usted trabaja directamente en el ordenador, ¿qué ocurre con todos los cambios que se aplican en el proceso de edición?
Los cambios van desapareciendo. Al final, imprimo lo que yo creo que ya es el libro, por lo menos la historia completa. Ahí, al leerlo en el papel, porque tengo la costumbre de leerme en el papel, me doy cuenta de qué se trata el libro, qué sobra y qué falta. Luego, viene el segundo “manuscrito”, hecho en la computadora también, que voy afinando. En ese punto, ya está super corregido porque he corregido cada frase mil veces, cosa que te permite la computadora y que antes no podía hacer.




























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