Opinión

SERGIO MUÑOZ BATA: La felicidad

 
 

Una pareja de turistas consulta un mapa en una calle de Pekín. El 83 por ciento de los chinos ve con optimismo el futuro de su familia y de su país.
Una pareja de turistas consulta un mapa en una calle de Pekín. El 83 por ciento de los chinos ve con optimismo el futuro de su familia y de su país.
ED JONES / AFP/Getty Images

Para hacer frente a la actual crisis económica europea se ha gestado un paralizante debate que ha tenido consecuencias funestas. Por un lado están los banqueros, financieros y políticos que metieron al mundo en esta crisis y hoy decretan que la única manera de reducir el déficit presupuestal es imponiendo recortes brutales al gasto público esperando, según parece, a que el problema del desempleo y la reactivación de las actividades productivas se resuelvan por arte de magia.

Del lado contrario están quienes afirman que sin aparejar la reducción del gasto a una política de crecimiento económico que genere empleo no habrá salida de la crisis. Eso fue lo que hizo Bill Clinton en su segundo periodo presidencial porque pudo acordar con un Congreso republicano que ambos trabajaran para el bien del país.

Para el economista indio Amartya Sen es evidente que las medidas de austeridad por sí mismas no solo no funcionan sino que son profundamente antidemocráticas porque los líderes las toman sin consultar a la ciudadanía. “La preservación del sistema democrático es esencial para el bien público”, escribe Sen, “y en el caso de Europa todavía más porque los acuerdos políticos posteriores a la Segunda Guerra Mundial fueron los que dieron luz al estado de bienestar y a los servicios de salud pública universales no con el fin de proteger a la economía de mercado sino para proteger el bienestar de la gente”.

Y todo esto viene a cuento porque acabo de leer dos encuestas recientes que dicen mucho acerca de las ramificaciones de la crisis económica en la vida de las personas. La primera fue hecha por Naciones Unidas y su propósito fue descubrir dónde vive la gente más feliz del planeta. De los 146 países encuestados, Dinamarca quedó en primer lugar, Finlandia segundo, Noruega tercero y Suecia y Alemania quedaron entre los diez primeros. En términos generales, la encuesta encontró que la mayoría de los europeos, aunque con dolorosas y recientes excepciones, salieron bien librados pero no así quienes viven en África.

Curiosamente, la publicación de la encuesta de Naciones Unidas coincidió con la divulgación de un sondeo del Pew Center, que le da otro giro al tema de la felicidad al indagar sobre las expectativas de la gente en el mundo. Según los investigadores del Pew, la actual crisis económica mundial ha mermado la fe de la gente en la economía de mercado y en el liderazgo político mundial. De las 26,000 personas encuestadas en 21 países, solo una cuarta parte está satisfecha con su situación económica y solo en cuatro países, China (83%), Alemania (73%) Brasil (73%) y Turquía (57%), la gente reconoce que el progreso económico de su país les ha permitido mejorar su situación económica personal y tener una visión positiva del futuro económico de su familia y de su país.

En EEUU, por ejemplo, solo el 31% de los encuestados piensa que la economía del país está bien; en los países árabes encuestados solo el 16% cree que sus hijos podrán superarles económicamente; y el desencanto es mucho mayor en Grecia, España e Italia y Japón, donde menos del 7% dice tener fe en su futuro. En todo el mundo, solo el 9% de los jóvenes piensa que podría tener una situación económica mejor que la de sus padres.

Desde mi punto de vista lo que ambas encuestas muestran es que el mundo entero avanza aceleradamente hacia la infelicidad y que ese estado de ánimo, que históricamente ha estado asociado con la pobreza, la ausencia de un sistema democrático y la debilidad de las instituciones de los países, hoy amenaza también a la gente que vive en estados democráticos, con instituciones sólidas y fuertes programas de bienestar social. Y cuando las expectativas y el ingreso económico de los jóvenes es insuficiente, se pierde la confianza en las instituciones y en el liderazgo, y sobreviene la infelicidad.

Así las cosas, yo creo que para implementar adecuadamente la reforma al sistema económico mundial a quien habría que escuchar con atención es a economistas como Amartya Sen y no a quienes por su avaricia e impericia han conducido al mundo al lamentable estado en el que se encuentra.

Más de Opinión

  •  

Miembros de sindicatos protestan contra los empleadores y las medidas del gobierno en una manifestación en Pamplona, el lunes pasado, en la que pidieron una huelga general para el 30 de mayo.

    DORA FERNANDEZ: España en un momento surrealista

    España vive un momento surrealista: 6 millones de parados, gente mayor viviendo en casa de los padres como si se tratara de párvulos, mendicantes por doquier, familias contando los euros para completar la cuota de la hipoteca, jóvenes buscando curro (como denominan al trabajo) y cada vez más personas saltan la barrera del metro para evadir el pago. Miles de profesionales han emigrado y esa es la radiografía de una crisis, que ha traído los ajustes y recortes; en contradicción se han elevado los impuestos, ahora cobran la entrada y salida al aeropuerto.

  • DANIEL MORCATE: Sacudir la mata

    Como tiburones que han olido sangre en abundancia, los republicanos se han lanzado a la yugular del presidente Obama y su gobierno inmersos en una seguidilla de controversias. Es la consabida mezcla de legítima reacción y oportunismo político con que nuestros partidos actúan cuando se hallan en la oposición, luchando con denuedo por apoderarse del cuchillo y volver a cortar el bacalao. En esta ocasión, sin embargo, Obama y sus allegados tienen buena parte de la culpa. Y aunque se imaginen que pueden sobrevivir sin mayores consecuencias al actual ciclo de malas nuevas, lo prudente, aconsejable y justo sería que ofrecieran unas cuantas cabezas en bandeja y enmendaran su conducta.

  • VICENTE ECHERRI: La república que no supieron conservar

    Todos los años por estos días los cubanos volvemos a meditar y a opinar sobre nuestra breve democracia republicana (1902-1959) que daría paso a la más larga tiranía hemisférica que casi ha durado lo mismo. Y de nuevo, dentro y fuera de Cuba, se publican artículos conmemorativos, crónicas y hasta auténticos ensayos sobre el tema. Estos textos van desde la apología sin fisuras hasta la crítica más acerba. Para algunos, el orden institucional cubano previo a la revolución era casi un dechado, aunque hubiera políticos corruptos; para los que están en el otro extremo (los voceros oficiales del castrismo, por ejemplo) el mote de “pseudorrepública”, sigue aplicándose como concepto abarcador de la vida y valores que antecedieron a la gestión totalitaria, si bien con menos convicción en los últimos tiempos.

El Nuevo Herald

Súmese a la
discusión

el Nuevo Herald tiene el gusto de ofrecerle la oportunidad de compartir información, experiencias y observaciones sobre las noticias que cubrimos. Los comentarios que haga pueden ser publicados tanto en nuestro sitio en línea como en el periódico. Lo invitamos a que participe en un debate abierto sobre los asuntos del día y le pedimos que evite el uso de palabras obscenas, frases de odio, comentarios personales y se alamientos que puedan resultar ofensivos. Gracias por ofrecernos sus opiniones.

el Nuevo Herald utiliza una aplicación de Facebook para su sistema de comentarios. Usted debe ingresar con su cuenta de Facebook para hacer comentarios en nuestro sitio. Si tiene preguntas acerca de cómo hacer comentarios usando su cuenta de Facebook, haga click aqui.

¿Tiene información noticiosa que compartir con nosotros? Haga click aqui para enviarnos su información o inscríbase para participar en la red de Public Insight Network, que le permite convertirse en una fuente de información para el Nuevo Herald y The Miami Herald.

Esconder Comentarios

Esto afectará los comentarios en todas las historias.

Canceler OK
  • Videos