Opinión

NICOLAS PEREZ DIAZ-ARGÜELLES: Las tentaciones del castrismo

 

La frase más inteligente y sibilina pronunciada por una personalidad extranjera con respecto a Cuba la dijo el Papa Juan Pablo II en su visita a la isla en 1998: “Que Cuba se abra al mundo y que el mundo se abra a Cuba”. Y las dijo porque aquel sabio intuía que al igual que el drama de Hamlet era ser o no ser, el del castrismo es abrir o cerrar.

Tanto las tentaciones sexuales como las políticas son peligrosas y el castrismo siempre ha sido tentado por el demonio con la posibilidad de escoger entre seguir con su fiesta antiimperialista o hacer relaciones con Estados Unidos, entre recibir remesas del exilio o cortar todo vínculo con sus enemigos naturales, en una actitud de ambivalencia típica de un niño pequeño en su etapa oral.

En cierta época hubo intentos de acercamiento de parte y parte. La más notable en los tiempos de Jimmy Carter, cuando Fidel Castro supuso que en un intercambio de abrazos con Washington él sería el gavilán y el Manisero la paloma. Había llegado el ex gobernador de Georgia a la presidencia de Estados Unidos pidiéndole consejos sobre política exterior, según su propia confesión, a su hija Amy, de 8 o 9 años, y entraba hablando en una lengua muerta para el castrismo, quién sabe el copto, sobre un nuevo y nebuloso término difícil de digerir para ellos que Carter llamaba esotéricamente respeto a los derechos humanos. El presidente indudablemente tenía una cara de tonto bien administrada, gramos de experiencia y toneladas de ingenuidad, pero su maní no era garapiñado, tenía sal. Porque La Habana dio su primer gran salto al vacío y el tiro le salió por la culata. Intentó acercarse al imperio, y en 1976 revitalizó la Sección de Intereses de Estados Unidos en Cuba, liberó a 2,400 presos políticos y permitió que los exiliados, gusanos convertidos en mariposas, entraran en la isla cargados de dólares, regalos, fotos de carros de último modelo y de la fastuosa boda de la prima Panchita, nacida y criada en el barrio marginal del Palo Cagao, y todos muy solidarios con la situación trágica de los parientes famélicos. Coyuntura más desestabilizadora que la colocación de 100 bombas en una sola noche en La Habana por el anticastrismo violento, porque el acercamiento del exilio con los ciudadanos de la isla no obedece a la política ni a la economía, sino a la emotiva fuerza de la sangre.

Por favor, recordemos. Las visitas de exiliados fueron de un gran impacto. Y como las antenas del totalitarismo son largas se detectó inmediatamente que el bote hacía agua. Castro rompió la luna de miel con Washington interviniendo en Angola. Pero demasiado tarde, solo habían transcurrido 4 años desde la reunión de Fidel con los miembros del Comité de los 75 liderados por Bernardo Benes cuando 125,000 cubanos entran a la fuerza en la Embajada del Perú, y seguidamente, se produjo la Crisis del Mariel y el castrismo sufrió una crisis internacional de credibilidad.

Pero el comunista es un animal que no tropieza con la misma piedra dos veces. Cuando Bill Clinton comenzó a hacerle carantoñas a Castro, derribaron las avionetas de Hermanos al Rescate y Clinton respondió firmando la Ley Helms Burton. Con Barack Obama más de lo mismo: a la primera concesión de la Casa Blanca, la Seguridad del Estado encarceló a Alan Gross. Y es sorprendente como presidentes latinoamericanos piden hipócritamente el levantamiento de un embargo de cartón piedra cuando es evidente que eso lo rechazaría La Habana y respondería con otra acción de guerra para que el gesto norteamericano de buena voluntad abortase.

Con la lección aprendida, los Castro han elaborado un decálogo que reza: cero acercamiento con el imperio, cero conversaciones de ningún tipo, cero acuerdos, y en cuanto a medidas con respecto a las importaciones de productos comerciales de personas que viajan a la isla o el envío de remesas, caminar en puntillas, abrir un milímetro hoy y cerrar un milímetro y un décimo mañana o viceversa. No existen las reformas que algunos cacarean, la actualización del modelo castrista es una ridícula farsa.

Por otra parte existen las mulas, se declaran exiliados cuando pisan Miami y al año y un día regresan a Cuba cargados de mercancía con fines económicos. Y es una desvergüenza que este exilio gaste cuatro mil millones de dólares al año en visitas y remesas con lo cual ayudamos a que se mantenga una brutal dictadura.

Pero advierto algo, jamás se me ocurriría visitar la isla para bañarme en la playa de Varadero o para acostarme con una jinetera, pero de corazón les digo, que si tuviera un padre o un hijo en Cuba, iría a verlos al mismísimo infierno, y jamás permitiría que pasaran una gota de hambre y miseria.

Nicop32000@yahoo.com

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