CARACAS -- A pocos pasos del metro de Bellas Artes, en la bulliciosa avenida México del centro de Caracas, Julio Márquez siembra cebollas y cilantro en uno de los miles de espacios convertidos en huertos en las ciudades venezolanas con los que el gobierno promueve la soberanía alimentaria.
“Tú puedes vivir de la agricultura tranquilamente”, dice Márquez, vestido con botas y gorra, mientras lanza una piedra para espantar un pequeño pájaro que revolotea por las lechugas recién sembradas en uno de los parterres.
Este espacio enclavado entre la estación de metro, un edificio de viviendas subsidiadas en construcción y el gran hotel Alba Caracas —antiguo Hilton, nacionalizado por el gobierno—, era hace años un terreno baldío, pero ahora es un cuarto de hectárea de tierra productiva de la que brotan acelga, remolacha, lechuga y otros productos “sin químicos” a precios económicos.
“Por la mañana se recolecta lo que está del día y se pone a la venta”, dice Márquez, señalando hacia una esquina del terreno, donde una caseta sirve de tienda que abre al público a primera hora de la mañana.
Su voz suena débil entre el ruido de los coches y autobuses que abarrotan la avenida, e incluso se ve eclipsada por la irrupción de algún que otro claxon, pero a Márquez, que trabaja allí desde hace cuatro años, parece no afectarle tanto estrés urbano.
“Un kilo de lechuga en el supermercado está sobre los 20 bolívares ($4.6 al cambio oficial), y aquí la vendemos a 10. Te dura una semana. Es regalado prácticamente. Además, es más sano”, agrega.
Con lo que rinden las ventas, se pueden cubrir los salarios y prestaciones de las ocho personas que trabajan en el huerto. “Es cuestión de organización, de autoabastecimiento”, insiste.
El presidente Hugo Chávez manifestó a principios del 2011 su deseo de reimpulsar la agricultura urbana, y desde entonces no ha dejado de anunciar millonarias subvenciones para transformar azoteas y otros espacios “ociosos” en patios productivos de alimentos para que —sobre todo los más pobres— puedan autoabastecerse al margen de la inflación y las grandes cadenas comerciales.
El plan, inspirado en el modelo cubano y enmarcado en un gran proyecto con el que Chávez quiere volver a convertir a Venezuela en una potencia agrícola, ha permitido cultivar unos 21,600 huertos urbanos familiares, comunales o institucionales, para los que el gobierno ha ofrecido semillas, herramientas y formación para sembrar hortalizas libres de agrotóxicos.
Pero la oposición acusa al mandatario de derrochar ingentes recursos económicos en este plan mientras el campo venezolano sigue sin resolver la crisis que arrastra prácticamente desde que el país pasó de potencia agrícola a petrolera, en los años 20 del siglo pasado.
A pesar de contar con 30 millones de hectáreas cultivables y de que el gobierno expropió casi cuatro millones de hectáreas para dinamizar el sector, Venezuela importa hasta el 70 por ciento de los alimentos que consume, algunos comprados directamente con petróleo, y ciertos productos escasean constantemente, como la leche, el aceite, el café o el azúcar.



























Mi Yahoo