David Bernstein miró a la perra a los ojos y vio la muerte.
La terrier de raza mixta de 38 libras, que usaba un suéter rojo pálido, estaba en camino hacia la tragedia, mientras caminaba en el puente levadizo de Brickell cuando éste comenzó a elevarse sobre el Río Miami.
Bernstein salió de su auto, gritó, agitó sus brazos. Se mantuvo enfocado en esos ojos y estaba determinado a salvarla.
“Me miró y yo la miré”, dijo Bernstein. Ella se mantuvo caminando y yo salí corriendo, pero fue demasiado tarde”.
La perra cayó 30 pies y desapareció.
Bernstein llamó al 911. Le pidió a los botes que pasaban que fueran más despacio y lo ayudaran en la búsqueda.
Nada.
“Ella se me escapó a sólo un pie de mis manos. Mientras caía, oí un último aullido. Nunca olvidaré su cara”.
Bernstein, de 37 años, no durmió en toda la noche, sollozando en su apartamento de un dormitorio, al lado de su pastor alemán Branson, de dos años.
Al próximo día, el miércoles, Bernstein regreso al Puente cercano. Estaba determinado a encontrar a su conexión canina.
Estuvo durante horas en el puente. Con la ayuda del recuerdo, revisó el punto más débil del camino.
Y allí, en un pedazo de concreto lleno de charcos bajo el puente, estaba la perra en el suéter rojo pálido. Ella caminaba en aguas sucias.
Un trabajador de mantenimiento la subió hasta el nivel del camino. Su piel estaba empapada de fango y aceite.
“Me gruñó, me mostró los dientes y trató de morderme”, relató Albert Díaz, de 39 años, el jueves. “Tuve que buscar una soga para sacarla”.
“Estaba conmocionado”, dijo Bernstein. “Esto era un milagro, una perra milagrosa. La abracé”.
Se llevó a la perra al Brickell Animal Hospital. El personal veterinario la revisó: no había huesos rotos, sólo algunos rasguños y moretones.
Damián Torres, un administrador en el hospital, dijo que se le dio un baño a la perra y se encuentra en muy buen estado, considerando la terrible experiencia.
Y recibió un nuevo nombre. Conozcan a “Brickell”, cuyo suéter es ahora otra vez blanco.
“Parece entrenada”, dijo Torres el jueves. “Oye las órdenes y se porta muy bien. Está un poquito alterada pero es una perra feliz”.
Hasta ahora nadie ha reclamado ser el dueño de Brickell y ella está “aún en la necesidad de un hogar que la quiera”, dijo Torres.
“Mi meta es reunirla con su familia, sólo si es una buena familia”, dijo Bernstein.
Agregó que planea mantenerse en contacto con Brickell “por siempre”.
“Los perros dan el mejor amor”, manifestó. “Incondicional”.





























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