Mientras que en Londres se preparan con pompa y precisión británica para la Olimpiadas, aquí continuamos enfrascados en el campeonato mundial de la inmundicia. En nuestros juegos tropicales, los protagonistas son políticos locales que compiten con gran éxito en el tan popular deporte de lanzar contra el adversario todo la basura posible antes de las primarias del 14 de agosto.
Por ahora se perfilan como indisputables ganadores en la fétida competencia dos veteranos ex legisladores estatales: Alex Díaz de la Portilla y Gus Barreiro, enfrentados en la disputa por un distrito legislativo que abarca partes de Miami y Miami Beach. Los sórdidos panfletos políticos que están llegando a las casas de los votantes no son aptos para menores. Deberían distribuirse en los pocos “adult stores” que todavía quedan abiertos. Con razón, un padre de familia de Miami me decía que lo primero que hace cuando regresa a casa es revisar el buzón para evitar que los niños lean la propaganda electoral en esta contienda.
Otro equipo finalista en la competencia enfrenta a dos ex legisladores estatales del Partido Republicano postulados para un nuevo distrito en Kendall. Se trata de Ana Rivas Logan, rubia esbelta, elegante, que se queja con lágrimas en los ojos de ser víctima de lo que considera, con cierta razón, una campaña racista e injusta. Resulta que Rivas Logan nació en Nicaragua de padres cubanos. Su oponente José Félix Díaz llegó a este mundo en Miami de padres cubanos. Algunos panfletos que circulan en el distrito instan a que los electores voten por un cubano y no por una nica. Vamos, como si el lugar de nacimiento hiciera a los servidores públicos más honestos o inteligentes.
Díaz a su vez denuncia que la campaña rival ha puesto en circulación panfletos donde se le acusa de ser gay. Otra ridiculez porque como decía un popular alcalde de Cali, Colombia, se supone que en la gestión de los bienes públicos los gobernantes emplean la cabeza y no lo que está de la cintura para abajo.
Los ataques aberrantes, ofensivos y las puras mentiras para descalificar al oponente no son nuevas tácticas en las campañas políticas pero los más recientes están batiendo los récords de la historia universal de la infamia.
Dios me libre de pedir censura o incluso mesura en esta temporada política porque sería iluso e incluso inconstitucional. La primera enmienda de la Constitución protege cualquier discurso político, aunque sea falso, ofensivo, racista, soez, turbio y pornográfico. Los Padres Fundadores en un momento de lucidez y energía que cambió el mundo apostaron el todo por el todo al revolucionario concepto que establece que la responsabilidad de discernir entre el bien y el mal, lo aceptable o lo inaceptable, está en las manos de cada ciudadano y no en las del gobierno.
Para mí el problema no es la basura que se tiran los candidatos sino que la combinación de ilimitadas contribuciones de dinero por una parte y el desinterés creciente de muchos ciudadanos por vigilar a los gestores de la administración pública por otra, está alimentando los surtidores de aguas negras e incrementado la importancia de las cloacas. Desgraciadamente, por el momento no hay nada que se pueda hacer salvo vigilar el buzón de correo con vista de águila para evitar que nuestros niños vean a lo que hemos llegado los adultos.

























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