Es domingo en la noche y me dispongo a ver una película en compañía de mi esposa, esperanzados en disfrutar uno de esos momentos especiales que tan difíciles suelen hacerse para una pareja que se dedica a la venta de bienes raíces. Como de costumbre, el teléfono suena a la hora más inapropiada. Levanto el auricular y por suerte no es para mí. “Es para ti, cariño”, le digo mientras me acomodo en el reclinable.
“¿Cómo es eso de que no le dan permiso para arreglar el techo?”, pregunta mi esposa. Escucha atenta para luego responder. “Pero… ¿y qué culpa tiene usted de eso?” Otro largo silencio se produce para luego decir: “Espere, voy a preguntarle a mi esposo si el considera que se pueda hacer algo al respecto”.
De ahí en lo adelante la magia de la noche se deshizo y la habitación de descanso se transformó, como si hubiese obedecido a un conjuro, en una oficina donde mi esposa y yo nos dábamos a la tarea de analizar los derechos de aquel buen hombre que confrontaba el problema.
El asunto era sencillo desde el punto de vista legal; pero muy difícil de entender y menos de asimilar si teníamos en cuenta las emociones. Y mi esposa quería decirle algo esperanzador a aquel señor que necesitaba reparar el techo de su vivienda.
La compra de la casa se había efectuado hacía cinco años y recientemente el propietario había realizado un refinanciamiento. Todo había funcionado bien y no hubo inconveniente alguno en ninguna de las dos transacciones anteriores, entonces ¿cómo era posible que le dijesen en la municipalidad que había un permiso de construcción abierto para la propiedad, desde hacía cinco años, y que por lo tanto no le otorgarían un nuevo permiso hasta que el existente no hubiese sido cerrado?
Aunque traumática, la respuesta legal es muy sencilla. Un permiso de construcción abierto no afecta la transferencia de título, ni representa un defecto en el título de la propiedad, por lo tanto es muy difícil de detectar pues no forma parte de la cadena de titulación del inmueble, ni representa un gravamen al mismo. Inclusive, en ocasiones ni aparecen inscritos en los registros públicos y sólo puede tenerse conocimiento de los mismos personándose en la municipalidad correspondiente y realizando una investigación directa al efecto. Para colmo de males, según la ley, el comprador es el último responsable por los permisos de construcción abiertos, así como por cualquier violación del código de construcción municipal existente.
Asegure su paz mental:
Durante el tiempo de inspecciones, persónese en la municipalidad correspondiente e investigue si existen permisos de construcción abiertos o violaciones del código de construcción en la dirección, en particular, que usted pretende comprar; y dele, de inmediato, conocimiento a su abogado del resultado de su gestión.
J. A. “Tony” Ruano es autor del libro “Bienes raíces. Manual práctico de compra, venta y administración’’. tony@ruanobrokers.com


























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