WASHINGTON -- Defensores del control de armas hablaron con emoción de su propia impotencia. La Asociación Nacional del Rifle (NRA) está políticamente en ascenso. Y la Casa Blanca de Barack Obama prometió salvaguardar la Segunda Enmienda en su primera respuesta oficial a las muertes de al menos 12 personas en un tiroteo masivo en la exhibición de la nueva película de Batman en un suburbio de Denver.
En una ocasión, todos los brotes de violencia de armas altamente publicitados llevaban a enérgicos llamados de los demócratas y unos cuantos republicanos para controles más estrictos de las armas de fuego.
Ahora esos llamados están enmudecidos, una paradoja política que se hace más pronunciada en una era atemorizada por Columbine, Virginia Tech, las heridas a una representante federal y ahora el tiroteo en un cine suburbano donde se esperaba que la carnicería sólo ocurriera en la pantalla.
“No queremos simpatía. Queremos acción”, dijo el viernes Dan Gross, presidente de la campaña Brady, mientras el presidente Barack Obama y el candidato republicano Mitt Romney lamentaban las muertes.
Ed Rendell, el ex gobernador demócrata de Pennsylvania, fue más enfático que muchos en las primeras horas después del tiroteo. “Todo el mundo está asustado de la NRA”, dijo en MSNBC. “Número uno, hay algunas cosas por las que es digno perder en política y ser capaces de prevenir una carnicería como ésta es una de ellas”.
Sin embargo, hace más de una década desde que los abogados del control de armas tenían una esperanza realista de obtener el tipo de legislatura que buscaban, a pesar de las predicciones de cada brote de violencia llevaría a la acción.
En 1994, el Congreso aprobó una prohibición de 10 años a 19 tipos de armas de asalto estilo militar. Algunos demócratas llegaron pronto a creer que la legislación contribuyó a que perdieran pocos meses después la Cámara de Representantes.
Cinco años después, el vicepresidente Al Gore emitió un voto en el Senado para romper un empate en una legislación que restringe las ventas en las exhibiciones de armas.
Ambos eventos llegaron a convertirse en el valor máximo de las ofensivas demócratas para una legislación federal encaminada a reducir la violencia de las armas, y algunos republicanos dijeron que podían ver como venía un cambio.
“Las noticias de los medios de comunicación en su intento de distorsionar todo este tema podrían estar equivocadas en su estimación de que esto va a ayudar a Al Gore”, dijo Trent Lott, un republicano por Mississippi que era entonces el líder de la mayoría en el Senado, en una entrevista con Associated Press unas semanas después del voto para romper el empate. “En realidad, podría haberlo perjudicado, y podría perjudicarlo aún más”.
Para el 2004, cuando se aprobó la prohibición de las armas de asalto, los demócratas en el Congreso no hicieron serios intentos para aprobar una extensión. El presidente George W. Bush estuvo contento con dejar que desapareciera en la historia.
El sentimiento público ha oscilado.





























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