La muerte de cualquier opositor y en este caso un importante líder de la resistencia interna es un motivo de luto para el movimiento cívico dentro de Cuba. Es una gran pérdida la de Oswaldo Payá, figura cimera en la lucha por el cambio democrático de Cuba. Es una tragedia que haya muerto, y en circunstancias que desde ya consideramos muy extrañas, expresó Janisset Rivero, secretaria general del Directorio Democrático Cubano, en Miami.
Para el periodista y ex preso político Alberto Muller, también colaborador de Payá, se trata de un golpe demoledor.
Se pierde un gran hombre. El hombre que culminó el Proyecto Varela, el hombre que fue nominado tres veces para el Premio Nobel de la Paz, dijo Muller. Es una gran pérdida que debemos pedirle a Dios que lo convierta en fortaleza para el movimiento oposicionista y el movimiento disidente.
El velatorio será este lunes en una iglesia de Cerro Habana.
Payá, ingeniero de profesión, ganó fama internacional en la década de 1990 al organizar el Proyecto Varela, un proceso de recolección de firmas que buscaba forzar a las autoridades a realizar un referendo para modificar la Constitución con miras a dar un giro pluripartidista y abrir camino a la iniciativa privada.
Poco antes de la llegada del ex presidente estadounidense Jimmy Carter a Cuba en mayo del 2002, Payá había presentado las 11,020 rúbricas a la Asamblea del Poder Popular, a las cuales luego se agregaron otras 14,000.
El Proyecto Varela fue visto como la más grande campaña para cambiar el sistema en décadas por parte de la fragmentaria disidencia de la isla.
Según Payá, estos cambios, de haber sido aceptados por el gobierno y aprobados por voto popular, habrían introducido en Cuba las libertades fundamentales.
En ese entonces, la Constitución cubana concedía que los ciudadanos pueden tener un referendo nacional para cualquier propuesta que tenga un mínimo de 10,000 firmas registradas.
Poco después, la Asamblea Nacional del Poder Popular hizo una consulta nacional a través de sus mecanismos estatales y de masas que declaró al socialismo como irreversible.
Muchos de los colaboradores del Proyecto Varela fueron detenidos durante la ola represiva conocida como la Primavera Negra del 2003, que concluyó con largas penas de cárcel.
Nacido el 29 de febrero de 1952, Payá era el quinto de siete hermanos de una familia fervorosamente católica. Estudió inicialmente en una escuela de la barriada habanera del Cerro, pero después se trasladó a un prestigioso colegio religioso, cerrado tras el triunfo revolucionario de 1959.
Desde adolescente expresó sus críticas al gobierno de Fidel Castro, al punto de que en 1969 lo enviaron a un campo de trabajo forzado, las llamadas Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), en la Isla de la Juventud.
Cuando terminó sus estudios secundarios se matriculó en la Universidad de La Habana en la carrera de Física, pero al manifestar su creencia religiosa y su rechazo del marxismo debió abandonar la casa de altos estudios. Finalmente, tomó clases nocturnas de telecomunicaciones.
A comienzos de la década de 1980, Payá comenzó a trabajar para el Ministerio de Salud como especialista en equipos médicos, reparando y manteniendo máquinas de rayos X e incubadoras para recién nacidos.
En 1986 contrajo matrimonio con Acevedo. La pareja tuvo tres hijos.
Desde fines de la década de 1980 fundó el MCL. Su activismo le llevó innumerables veces a prisión, así como el continuo hostigamiento de las autoridades y turbas progubernamentales. Durante años, la fachada de su casa permaneció pintada con consignas oficialistas y mensajes como Payá: agente de la CIA.
A finales del 2002, la Unión Europea lo galardonó con el Premio Sajarov, su máxima distinción en la rama de los derechos humanos.
Este artículo fue complementado con servicios cablegráficos de El Nuevo Herald.




























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