El nadador Michael Phelps es el olímpico más laureado en la historia de Estados Unidos. También es quizás el que más dinero ganó.
Phelps volverá a la piscina en los Juegos Olímpicos de Londres 2012. El 14 veces campeón transformó su espectacular actuación en Beijing 2008 en ingresos por $40 millones.
Cuando Michelle Davison-Sandelin integró el equipo estadounidense de saltos ornamentales, ocho años antes, lo único consiguió de un anunciador de radios fue algunas botellas de bloqueador de sol.
Jim Millns, medallista de bronce en danza sobre hielo en las olimpiadas de invierno de 1976, no aceptó una baratija de un aficionado por miedo a ser descalificado.
Ahora vivimos en una mundo diferente, donde el potencial económico que ofrece los Juegos Olímpicos es ilimitado, dependiendo del deporte, el impacto y la personalidad.
“Teníamos el lema que una vez olímpico eso dura para siempre”, comentó Millns, quien tiene seis nietos y vive en el área de Tampa. “No importaba si conseguías una medalla. Era el respeto de haber estado ahí”.
En estos tiempos, eso sin embargo no basta para vivir.
Ahora los atletas más exitosos pueden convertir la excelencia deportiva en riqueza, pero muchos olímpicos del pasado sólo tiene gloria y memoria.
“Hay muchos que se entrenan toda la vida para llegar a los Juegos Olímpicos, y de pronto todo eso pasa”, dijo Millns, presidente de la Asociación de Olímpicos de Florida. “Cuando yo entrenaba, a veces no teníamos dinero para comer. Pocos años después uno veía a los atletas ganar millones”.
Por cada Greg Louganis y el equipo de hockey que logró el Milagro sobre el Hielo, hay miles de personas como Gerald Tinker, el velocista de Coconut Grove que ganó el oro con Estados Unidos en los 4X400 planos en Munich 1972.
Cuarenta años después, Tinker en entrenador y vive de manera modesta en el sur de California, a diferencia de los campeones de hoy que ganan millones.


























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