Quiero consultarle sobre lo siguiente. Después que obtuve la ciudadanía estadounidense, pedí a mi esposa para que le dieran la residencia. Todo marchó bien hasta el momento en que la llamaron para que diera sus huellas dactilares.
Pero de ahí en adelante, se ha desatado una serie de acontecimientos que no se explican. La pusieron en suspenso, porque no se había suministrado su partida de nacimiento. Entonces, ¿cómo fue autorizada para dar las huellas digitales? En resumen, le fue anulada toda la serie de gestiones.
Ahora, le solicito a usted que me ilustre sobre lo que debo hacer, pues estoy prácticamente sitiado: me acaban de operar por cáncer en mi genital, no sé hasta donde voy a durar, y lo que no quiero es que mi esposa quede perjudicada. Le agradezco cualquier idea. Gracias,
Jaime Nino Fornez, Miami
Lo considero y tengo gran deseo de ayudarle a desenmarañar la situación de su señora esposa. Lo que me describe su carta – que en realidad no es mucho—me muestra una situación que adolece de una falla fundamental: lo suyo es el espejo de una gestión preparada por alguien sin experiencia, por un amigo, por un “notario”. ó quizás por ustedes mismos, pensando que todo esto es “pan comido”, algo muy fácil que, como muchas parejas lo hacen así, ¿para qué entrar en gastos ahora que el dinero está tan escaso?
Error. O más bien, ¡ gran error! La petición de esposo por esposa (ó al revés) es la más sujeta a sosecha y análisis por las autoridades de Inmigración entre todas las peticiones familiares. ¿Por qué? Porque es la ú nica petición familiar que no es “de sangre” -- cuya autenticidad puede corroborarse por un examen de laboratorio. En otras palabras, porque es una petición de un ciudadano (ó aun de un extranjero residente) por un extranjero ó extranjera cuya “unión”–el matrimonio--- se presta a tantas falsedades, inventos, ó trampas...
Yo estoy muy lejos de sugerir –entiéndame bien—que el suyo sea un matrimonio falso ó de pacotilla, ¡todo lo contrario! Pero Inmigración no parte de la misma base. ¿Sabe usted cuántos matrimonios que se presentan a pedir residencia Inmigración los escucha, los investiga, y los parte en pedazos por su falsedad?! Respuesta: el cuarenta por ciento (40 por ciento) – ó sea, cuatro de cada 10. Nada de lo que acabo de explicar tiene algo que ver con el suyo – pero eso lo saben ustedes, lo presumo yo (porque le creo) -- ¡pero Inmigración no! En la justicia de EEUU, todo el mundo es inocente, hasta tanto se pruebe en corte (ó por admisión propia) que es culpable – pero en la práctica de Inmigración, no es así.. Para ellos, todos son culpables.... ¡hasta que demuestren lo contrario!
Su conclusión de que a su esposa la mandaron a tomarse las huellas pero que los problemas (el faltante de un papel básico) vinieron después, es errónea en sí. La orden de tomarse huellas es automática cuando se presenta la petición y antecede al examen de los papeles que están – ó que faltan. A una persona en recuperación de operación de cáncer, lo menos que le conviene es el estrés que las malas noticias de Inmigración conllevan y la ansiedad y angustia de que su ser amado se quede sin solución inmigratoria, si él llegara a desaparecer. Hay que actuar rápido, antes que el problema se agrande y se vuelva más oneroso, tal vez con el comienzo de un proceso de deportación. Su carta carece de todo detalle en cuanto a la autenticidad de su matrimonio. Le repito, para que le quede bien claro, que yo no dudo que lo sea. Pero a Inmigración ¡ hay que convencerla! Usted lo que menos necesita en su estado de mente y salud, es el disgusto y la contrariedad que refleja su carta. Si a su esposa le fue “anulada toda la serie de gestiones”, ahora hay que correr (!) a dar los pasos correctivos indispensables. Yo no puedo darle más opiniones sobre su caso sin ver y examinar todos sus papeles y llenar el cuadro de su vida inmigratoria y conyugal, porque ahora no veo sino huecos. Si no quiere mis servicios profesionales, busque a otro abogado de inmigración calificado y ¡ no pierda el tiempo! Les deseo lo mejor...
MANFRED ROSENOW es un
abogado y periodista de Miami
especializado en temas de inmigración.
Escríbale a El Nuevo Herald,
1 Herald Plaza, Miami, FL 33132




























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