Los niños son el tesoro más grande y el futuro de toda sociedad: su cuidado verdadero significa reconocer nuestra responsabilidad de enseñar, defender y vivir las virtudes morales, que son la clave para la realización humana.
Es mi esperanza que la Iglesia y con ella toda la sociedad, a pesar de los sufrimientos causados por los acontecimientos de la última década, sepan perseverar en su misión histórica de la educación de los jóvenes y, de este modo, contribuir a la consolidación de la vida familiar, que es la mejor garantía para la solidaridad entre las generaciones y el bien de toda la sociedad.
Valentín Abelenda Carrillo
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