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Una reestructuración engañosa en Miami

 

jebro@elnuevoherald.com

Con una candidez extrema, Hanley Ramírez reconoció que “nunca, nunca pensé que iba a ser canjeado’’.

Pero la palabra nunca no existe en el diccionario de la alta jerarquía de los Marlins, que desde el lunes han comenzado un frenético proceso de “reestructuración’’ que podría cambiar –yo lo ha hecho- cambiar dramáticamente el rostro de la franquicia para lo que resta de temporada y el futuro.

Al canje que envió a los venezolanos Aníbal Sánchez y Omar Infante a los Tigres el lunes, le siguió el pacto que desembarcó el miércoles en Los Angeles al dominicano Ramírez y a Randy Choate, y otros podrían suceder antes del 31 de julio, fecha final para los cambios directos en las Mayores.

Una fuente confirmó que, salvo Giancarlo Stanton y José Reyes, los nombres del resto del equipo estarían circulando entre los potenciales movimientos en los próximos días, con énfasis especial en el derecho Josh Johnson, quien es buscado por al menos cinco conjuntos decididos a jugar en octubre.

“Enfrentemos la realidad’’, dijo recientemente Larry Beinfest, presidente de operaciones de béisbol al anunciar el canje con los Tigres. “Este grupo de jugadores que teníamos aquí no está ganando. Hemos perdido contacto con la división. Hemos perdido contacto con el wild card. Es tiempo de reestructurar’’.

¿Cuán profundo puede ser esto?

Karl Ravech, el anfitrión del popular programa Baseball Tonight, de la cadena ESPN, bromeó en su cuenta de Twitter que un día los residentes del sur de la Florida se despertarían para ver que el nuevo estadio habría desaparecido de La Pequeña Habana, en una referencia cruel a las desmantelaciones que prosiguieron a los inolvidables triunfos de 1997 y el 2003.

Por supuesto que Ravech juega con la hipérbole, pero los peces están siguiendo la misma ruta del pasado: canjear a peloteros hechos por prospectos.

Se han acumulado brazos jóvenes como los de Jacob Turner, el primer prospecto de Detroit, y Brian Flint; o a un lanzador como Nathan Eovaldi, el número 20 de los Dodgers, y alguien con alguna experiencia en las Mayores que ocupará un puesto en la rotación en la próxima serie. Scott McGough, el otro pelotero que vino de Los Angeles en el canje de Ramírez, todavía no ha trabajado más allá de Clase A alta.

El receptor Rob Bradley –llegó de Detroit- es el único prospecto que no es pitcher.

Al final, todos son enigmas y los Marlins, que ya este año se han ahorrado cerca de $23 millones en salario –aunque Ozzie Guillén insiste en que estos cambios no están motivados por el dinero-, tendrán que vivir otro invierno caliente en la próxima agencia libre y buscar bateadores de calibre, para impedir que esta reestructuración no se convierta en otra desmantelación implacable.

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