Al cabo de dos años sin hablar en el aniversario del asalto al Cuartel Moncada en 1953, en un discurso que suscitó una áspera respuesta norteamericana y la crítica de la oposición interna, Raúl Castro dijo que estaba dispuesto a discutir con Estados Unidos sobre los derechos humanos, la libertad de prensa y todos esos cuentos.
Si quieren discutir los problemas de democracia, como dicen ellos, libertad de prensa, de derechos humanos, todos esos cuentos que han inventado en los últimos años, sobre todo lo de los derechos humanos, vamos a discutirlos [ ]. Pero vamos a discutir también los temas de los Estados Unidos, y estamos parejos, dijo Castro ante una multitud reunida en la Plaza Mariana Grajales, en la oriental provincia de Guantánamo.
Castro acusó también a grupos opositores de querer provocar una rebelión como las que han ocurrido durante el último año en el Medio Oriente. Sus palabras, con un tono severo e irónico, parecieron un intento fallido de hacer a un lado las consistentes críticas de la comunidad internacional y gobiernos democráticos sobre su política de cero tolerancia contra la oposición pacífica de la isla.
Aspiran a que aquí algún día suceda lo de Libia o lo que pretenden hacer con Siria, afirmó Castro después de que el primer vicepresidente, José Ramón Machado Ventura, pronunciara un discurso.
El día que quieran la mesa está servida. Ya se le ha dicho por los canales diplomáticos corrientes. Si quieren discutir, discutiremos, agregó Castro.
Castro no entró en detalles sobre la precaria situación de la economía y el creciente descontento de la población. Precisó que será imposible subir los salarios mientras el país no sea capaz de producir más bienes.
Hay que seguir adelante, al ritmo que decidamos los cubanos, sin prisas pero sin tregua, poco a poco, manifestó Castro. Los mismos médicos ganan muy poco, así estamos todos. Pero vivimos y mantenemos esta revolución por más de medio siglo, que es la gran proeza del pueblo cubano.
En Washington, D.C., el subsecretario de asuntos públicos del Departamento de Estado, Mike Hammer, dijo que cualquier iniciativa de diálogo y acercamiento bilateral está sujeta a la excarcelación del subcontratista del gobierno estadounidense Alan P. Gross y a la ampliación del marco de libertades para los cubanos.
Gross, de 62 años y vecino de Potomac, Maryland, fue arrestado en La Habana el 3 de diciembre del 2009 y condenado posteriormente a 15 años de cárcel por entregar al menos un teléfono satelital y varios equipos de comunicaciones a la comunidad judía en la isla y a otros grupos independientes.
Estados Unidos está abierto a buscar una nueva relación con Cuba pero el gobierno castrista debe primero permitir a los cubanos el ejercicio de sus derechos y determinar su futuro, comentó Hammer. Nuestro mensaje al gobierno de Castro es muy claro: deben comenzar por permitir las libertades políticas que el pueblo cubano exige.
Hammer criticó los arrestos de al menos 50 disidentes y activistas pacíficos durante los funerales del opositor Oswaldo Payá, Premio Sajarov del Parlamento Europeo del 2002. Payá, de 60 años y fundador del Movimiento Cristiano de Liberación (MCL), murió el domingo cerca de la ciudad suroriental de Bayamo en un accidente cuyas circunstancias no esclarecidas. Sus familiares han dicho tener información de que el auto en que viajaba había sido embestido repetidas veces por otro vehículo.






























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