Me atrevo a afirmar que Miami es la ciudad donde existe la mayor actividad teatral en español en Estados Unidos. Sin contar los espectáculos musicales y danzarios, el número de notas sobre los estrenos de comedias, dramas y unipersonales que publico semanalmente sobrepasan el centenar al año.
Todos los años, en Miami, se celebran el Festival Internacional de Teatro Hispano, el TemFest, el Festival Latinoamericano del Monólogo Teatro a una Voz y el Festival de Teatro de Pequeño Formato; y en lo que va del 2012 se han presentado dos ediciones del Microteatro del Centro Cultural Español. Además, se realizan temporadas fijas y presentaciones de última hora que suelen abarrotar los teatros.
Por si fuera poco, se publican críticas en la prensa escrita y digital y, con frecuencia, los teatristas son invitados a los programas de radio.
Sin embargo, pienso que la ciudad dista mucho de ser una verdadera plaza teatral.
¿Qué más le hace falta, si hay academias, estudios de televisión que se nutren de talentos de la escena y se celebran conferencias y encuentros teóricos dedicados al quehacer teatral?
Para confrontar mi opinión conversé con un grupo heterogéneo de teatristas del patio en el cual encontré respuestas de todo tipo. Entre ellas, la de la actriz y pedagoga Teresa María Rojas, que se mostró optimista ante el empuje de “muchos jóvenes audaces de nuestra ciudad”, tras afirmar que “dedicarse al teatro, en cualquier sitio del mundo, es vivir tratando de alcanzar lo inalcanzable”.
Por otra parte, Yoshvani Medina destacó que el teatro en Miami “cuenta con salas, estrenos y el respaldo del público joven, pero aún debe seducir a las grandes y pequeñas empresas para que inviertan en él”.
Pero el veterano actor y director Marcos Casanova no fue tan triunfalista como el director de ArtSpoken y señaló que “los costos de producción, el escaso respaldo de las autoridades y la falta de acceso a los medios” impiden el desarrollo del teatro.
Pese al exitoso resurgimiento del Teatro Trail, la actriz Marisol Correa, su directora, piensa que “aunque nos consideramos la capital hispana de Latinoamérica, la mayoría de sus residentes va de paso, un hecho que impide la formación de un público fijo con un sentido de pertenencia”.
Calero coincide con algunos de sus colegas en que no se puede sobrevivir vendiendo boletos a $25, ni pagando los mismos impuestos que los concesionarios de autos que generan millones. “¡Y ni qué decir de los costos de publicidad!”
“Miami es una plaza teatral”, sostiene Juan Roca, fundador y director de Havanafama, tras asegurar que si bien nuestra ciudad supera a Los Angeles en la cantidad de compañías que hacen teatro en español, “a los teatristas nos corresponde atraer al público con obras de calidad”.
Otro veterano de las tablas, Pedrito Román, de A.L.B.A., se queja de que las organizaciones no lucrativas, como la suya, carezcan de ayuda de los gobiernos locales y tengan que asumir todos los gastos de producción, que oscilan entre $7,000 y $80,000. Tampoco pueden pagar anuncios en los medios. “No basta con que algunos políticos compren funciones al mismo precio que le damos a los comedores comunitarios. Lo que hace falta es que exista un capítulo dedicado a la cultura”, recalcó.


























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