Opinión

RAMON A. MESTRE: Vendiendo el miedo

 

Estados Unidos es el país más miedoso del mundo. ¿Quién lo diría de esta sociedad abierta, una superpotencia próspera que se rige por el estado de derecho y la economía de mercado?

Sucede que aquí el miedo es más rentable que la Apple o las petroleras. Somos los clientes azorados de instituciones públicas y privadas que se ocupan de vendernos y suministrarnos una gama variada de temores patológicos.

Patológicos porque no responden a peligros reales. Los miedos artificiales engendran sus propios peligros imaginarios. Son demonios nacidos de los mecanismos de control elaborados por el poder. Obsesiones de la abundancia, del fervor de un apego a un alto nivel de vida material, el cual alimenta un temor constante a la pérdida de esa vida privilegiada.

La venta del miedo está a la vista en la retórica de la publicidad; se ve a diario en reportajes periodísticos y en la demagogia de los políticos. Los estadounidenses suelen temerle a cosas inocuas al tiempo que ignoran muchos peligros reales. Aquí se fabrican pánicos para todos los gustos. Un producto de la propaganda del Estado paternalista y las predilecciones de los medios de comunicación.

De acuerdo con incontables encuestas, en la historia reciente de Estados Unidos una mayoría de los adultos sondeados han expresado profundos temores hacia cultos satánicos, invasiones extraterrestres, un inminente fin del mundo, los viajes por avión, el supuesto crecimiento de la narcoadicción. Y como indican las cifras de ventas de las empresas farmacéuticas, los estadounidenses son caldos de cultivo de hipocondrías.

Pero hay miedos imaginarios que constituyen amenazas reales para la democracia y la libertad individual. El genial filósofo español Antonio Escohotado resume el peligro: Hoy “gobernar implica administrar el temor ajeno. El interés objetivo del guardián es que el miedo siga intacto, o hasta crezca, de igual manera que la dolencia es el interés objetivo de una medicina donde el paciente paga cuando está enfermo y no cuando está sano”. La promoción del temor hiperbólico, manipulado por las autoridades con la ayuda interesada de sus cómplices en la prensa, justifica el mantenimiento y el crecimiento de un imponente aparato policial que atenta contra las libertades de todos.

Ahora, a partir de la matanza de Aurora (y tal y como sucedió hace unos años después de la masacre en Littleton), algunos medios, expertos instantáneos y mandamases difunden la idea de que en Estados Unidos se extienden la sociopatía y la violencia homicida como epidemias imparables. Nos quieren embutir con cuentos carentes de evidencia acerca de solapados monstruos psicópatas en secundarias y universidades, chicos sumidos en la violencia gratuita de películas y videojuegos, monstruos que elaboran planes para perpetrar futuras masacres en lugares públicos. Así se preparan las coartadas para someter a jóvenes y adultos a nuevas políticas de control social.

Sin embargo, los hechos contradicen la andanada propagandística. Según varios estudios, homicidios y otros actos de violencia perpetrados por jóvenes disminuyeron más de un 30 por ciento entre 1990 y el 2011. En Estados Unidos, las estadísticas demuestran que un joven corre un riesgo muchísimo más alto de morir fulminado por relámpagos que por asesinos al acecho en los cines y las escuelas del país.

En Miami la cultura del miedo ha desarrollado una variante local. Aquí se denuncia el terror que aflige a los cubanos en la isla, criticamos la pasividad de una población que no acaba de rebelarse contra la dictadura. Pero muchas de las mismas personas que tronan contra el miedo y la pasividad en los predios de la mafia Castro-Ruz ocultan la expresión pública de sus opiniones controversiales. Y lo que es más vergonzoso se callan a pesar de que no existe ni la enésima parte de los peligros que gravitan sobre los súbditos de los Castro. Esta doble moral se nutre del temor al qué dirán, del miedo al ostracismo de baja intensidad o a la agresividad en potencia de interlocutores contrariados. Como diría Escohotado, es un miedo paralizante que sigue intacto en Estados Unidos y amplios sectores del Miami cubano.

Más de Opinión

  •  

El secretario de Justicia, Eric Holder, testifica el 15 de mayo ante el Comité Judicial de la Cámara de Representantes sobre el caso de la vigilancia de llamadas telefónicas de la agencia de prensa Associated Press.

    SERGIO MUÑOZ BATA: Sexo, mentiras y espionaje

    Haciendo a un lado los problemas reales que enfrenta del país: el desempleo, la reforma migratoria o el acuerdo sobre el presupuesto nacional, la semana pasada la oposición republicana se regodeó circulando mentiras y medias verdades sobre los tres escándalos que la semana pasada sacudieron a la administración del presidente Barack Obama.

  • ROBERT MENENDEZ: La crisis de seguridad en Centroamérica

    Durante la última década, en países como Brasil, Chile y otras partes de Latinoamérica, las políticas económicas cambiantes y los programas de inclusión social innovadores han llevado a cabo un crecimiento económico, que ha sido impulsado por la exportación y el incremento de una clase media próspera. Pero en Centroamérica, una región de gran importancia para Estados Unidos, muchos países enfrentan una crisis creciente de seguridad y orden público, la cual requiere nuestra gran atención.

  • NICOLAS PEREZ DIAZ-ARGÜELLES: Venezuela arde en llamas

    Aposté con un venezolano una botella de Whisky Dewars contra una de champagne a que Nicolás Maduro pierde el poder en meses. Mientras, mi oponente, mirando supongo que hacia La Habana, no está de acuerdo.

El Nuevo Herald

Súmese a la
discusión

el Nuevo Herald tiene el gusto de ofrecerle la oportunidad de compartir información, experiencias y observaciones sobre las noticias que cubrimos. Los comentarios que haga pueden ser publicados tanto en nuestro sitio en línea como en el periódico. Lo invitamos a que participe en un debate abierto sobre los asuntos del día y le pedimos que evite el uso de palabras obscenas, frases de odio, comentarios personales y se alamientos que puedan resultar ofensivos. Gracias por ofrecernos sus opiniones.

el Nuevo Herald utiliza una aplicación de Facebook para su sistema de comentarios. Usted debe ingresar con su cuenta de Facebook para hacer comentarios en nuestro sitio. Si tiene preguntas acerca de cómo hacer comentarios usando su cuenta de Facebook, haga click aqui.

¿Tiene información noticiosa que compartir con nosotros? Haga click aqui para enviarnos su información o inscríbase para participar en la red de Public Insight Network, que le permite convertirse en una fuente de información para el Nuevo Herald y The Miami Herald.

Esconder Comentarios

Esto afectará los comentarios en todas las historias.

Canceler OK
  • Videos