Remota, exótica, misteriosa, mística, la Isla de Pascua de Chile – también conocida como Rapa Nui, su nombre polinés – es uno de esos sitios del planeta que siempre figura en las listas de sitios más deseados por viajeros conocedores.
Es un trocito de tierra –de solamente 63 millas cuadradas – en el medio del Mar Pacífico (a 2,300 millas de Chile y a 1,200 millas de su vecina más cercana, la Isla de Pitcairn) fue divisada por primera vez por los europeos cuando el navegante holandés Jacob Roggeveen llegó a la isla en el 1722. Los que han estudiado la islita calculan que los polineses se establecieron en ella alrededores del 700 A.D. explicó Revell Carr, experto en historia marina quien habló sobre la isla durante nuestra visita a bordo del crucero Amsterdam de la línea Holland America Line. Otras teorías proponen que gentes de la América del Sur vinieron a Isla de Pascua citando cosas como boniatos de la América del Sur y estructuras de piedra que recuerdan a los trabajos de los Incas.
Su historia es solamente uno de los misterios relacionados a la Isla de Pascua. Otro es las enigmaticas estatuas, “moais” en estilo polinés que los expertos consideran se crearon entre el 800 y el 1600 A.D.
Estos impresionantes y misteriosos “moais” –hay 887 de ellos en la islita – se cree fueron creados para honrar a antepasados como parte de un culto prevalente en la isla que dictaba que los antepasados son la fuente de todas las cosas buenas que le suceden a sus descendientes en sus vidas.
“Cuando vi que el itinerario de este barco incluía a la Isla de Pascua, no miré más –¡siempre he querido venir aquí!” dijo Jennifer Wright, una pasajera de Nueva York que estaba contemplando nuestra llegada a la isla en cubierta.
De primera intención pareció que no ibamos a poder realizar el sueño de visitar a la Isla de Pascua, pues habían grandes olas en el pequeño muelle de Hanga Roa, el pueblito principal de la isla, donde las lanchas del crucero iban a atracar para desembarcar a los pasajeros. Y este es el único muelle que hay en la isla. Pero el capitán del crucero, Jonathan Mercer, tenía un “Plan B” en caso de que hubiera oleaje fuerte en Hanga Roa: puso rumbo a la playa Anakena en una bahía en el otro lado de la isla.
Allí también encontramos un poco de oleaje, pero la tripulación del Amsterdam divisó un ingenioso sistema por medio del cual, ataron una plataforma flotante a unos escalones en tierra y a su vez amarraron una de las lanchas a esa plataforma. Entonces otras lanchas traían a los pasajeros que desembarcaban a la lancha amarrada y de ella pasaban a la plataforma flotante y de allí a tierra. ¡Increíble, pero cierto! ¡Y así nos pudimos bajar a este sitio exótico por excelencia!
Partimos enseguida hacia los parques nacionales –casi toda la isla es parque nacional y Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, con tres volcanes, lagos y pueblitos, y encontramos gran cantidad los famosos “moais” de la Isla de Pascua..
Nuestra gira, una de la Colección de Excursiones a las Maravillas del Mundo de Holland America, nos llevó a varios puntos de la isla incluyendo el sitio ceremonial de Tahai en Hanga Roa, donde pudimos ver platafomas parecidas a altares y llamadas “ahus,” donde las estatuas o “moais” descansan (a veces, estas plataformas se encuentran dispuestas sobre tumbas, lo cual las hacen con los “moais” sitios sagrados para los habitantes de la Isla de Pascua).




























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