Sur de la Florida

Hay torceduras que no

 

Especial para El Nuevo Herald

Leyendo sus artículos me decidí a escribirle. Soy cubana, entré a este gran país por la frontera en Monterrey, Texas, y hace 7 años que resido en Miami. Trabajo, tengo un apartamento de bajos recursos y en el 2011 me hice ciudadana americana. Quisiera que usted analizara esta situación como experto en inmigración. Cuando entré a este país y pude hablar con mi hija por teléfono (no tengo más familia), ella me recomendó que si llenaba algún documento me declarara “soltera”, ya que me encontraba sola. Todos mis documentos rezan así, aun mi ciudadanía.

Quiero reclamar a mi esposo que está en Cuba para reunirme con él, ya que me siento sola. Estoy casada con él desde 1992. ¿Usted me podría responder si ese estatus es un impedimento para mi reclamación? Gracias por su atención,

“Alicia”, Kendall, Miami

¿Por qué la gente miente? La respuesta es infinita, es decir las razones de las mentiras son infinitas, pero la pura realidad es que la mentira parece ser algo congénito en el carácter del ser humano. El carácter se forma desde la niñez, es decir, es el espejo en que nos miramos. Si el espejo (vale decir, el ambiente en que la gente se desarrolla) es torcido, lo que se refleja en dicho espejo es igualmente… chueco. No veo un camino tranquilo en que usted pueda, a esta hora, rectificar lo que antes no le importó retorcer a su manera.

La mentira voluntaria en cualquier acción inmigratoria conlleva consecuencias que perjudican al extranjero de por vida (!), como, por ejemplo, mentirle a un cónsul en una solicitud de visa ó mentirle a un oficial de admisión en la llegada a un aeropuerto. Mentir en una solicitud de cualquier tipo ante las autoridades de Inmigración puede traer como consecuencia un impedimento vitalicio de obtener beneficios de inmigración, ahora, por, y para siempre. Un caso así, como dice el refrán, “no debe tocarse ni con un palo largo” (¡ni de 90 millas, distancia entre Cayo Hueso y la isla cautiva) ya que las consecuencias podrían ser devastadoras y desastrosas para la interesada. Por ejemplo, el hecho de estar casada ó soltera respecto de su ajuste de residencia era irrevelante, pero ahora, al querer pedirlo, surge un marido que ocultó en todas sus acciones inmigratorias (!!!). Sabemos que en la Cuba de 50 años para acá la gente miente para poder sobrevivir, para engañar a las autoridades de allá, en una palabra, para “resolver”, pero esa filosofía no funciona en EEUU.

En resumidas cuentas, como único y forzoso camino en su situación, usted tendría que traer primero a la hija que la aconsejó que mintiera y luego, cuando esa hija llegue a la ciudadanía de EEUU, ella podrá pedirlo a él, si este fuera su padre.

Es un placer inmenso poder dirigirme a usted y su esposa por este medio. Sólo quiero agradecerle infinitamente sus servicios a nuestra comunidad. Lo único que lamento es que usted no sea cubano, como yo. Me imagino ya su respuesta y se que como es lógico esté orgulloso de sus raíces, pero le admiro tanto que lo preferiría de los nuestros, un egoísmo de mi parte. Le deseo mucha, pero mucha salud, y compro el periódico prácticamente por su columna. Muchas, pero muchas gracias. Dios me lo bendiga por muchos años más. Con cariño,

Ivonne León, Miami

Mil gracias por sus gentiles palabras, pero yo le pregunto, ¿de dónde saca usted que yo no soy “cubano”?! Le aclaro: yo tengo cuatro nacionalidades: (1) Alemania (por nacimiento y huida); (2) Colombia (por refugio y crianza); (3) EEUU (por estudios y profesión), y (4) ¡Cuba! (por afinidad y simpatía). Pisé La Habana en 1937 (a mis 6 añitos de edad) y pareciera que la huella del Malecón quedó impresa de por vida en mis pies. Generosos amigos cubanos me ayudaron a llegar a EEUU y mis primeros (¡difíciles!) años, viví, comí, y dormí en la “Sagüesera”...

Si en algo más podemos servirla, apreciada Ivonne, siempre estamos listos para usted. Con recíproco cariño la saludamos,

Manfred & Teresa

MANFRED ROSENOW es un

abogado y periodista de Miami

especializado en temas de inmigración.

Escríbale a El Nuevo Herald,

1 Herald Plaza, Miami, FL 33132

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