Después de una emotiva ceremonia en la que la infatigable directora de Pro Arte Grateli, Pili de la Rosa, fuera investida por la excelentísima Cristina Barrios Almanzor, cónsul de España, con la Cruz de Isabel la Católica por su labor en aras de preservar los valores culturales hispanos, se presentó en la noche del sábado, en el Miami-Dade County Auditorium una nueva producción de Amalia Batista, de Rodrigo Prats, que fue muy bien acogida por el público.
Los gritos de “bravo” para algunos cantantes, los aplausos a lo largo de la producción y, sobre todo, la larga ovación de pie al final, demostraron una vez más que la zarzuela cuenta con un público fiel en Miami. De igual manera el equipo de Grateli hizo evidente nuevamente su especial talento para satisfacer a este público, donde la mayoría peina canas. No es fácil montar un espectáculo musical bajo ninguna circunstancia, pero en los tiempos que corren, y con recursos limitados, levantar una producción como la presentada ese fin de semana es una verdadera proeza.
Pero el amor a su trabajo es lo que hace de esta compañía uno de los bastiones culturales de esta ciudad. Amor que se ha mantenido durante los 45 años de su existencia y eso siempre es digno de aplauso. Ahora bien, bajo el manto exitoso de la puesta hubo detalles que no escaparon a algunos ojos y oídos y que es conveniente señalarlos para que se subsanen. En primer lugar, se debe hacer énfasis en que los cantantes tomen conciencia de que tienen puesto un micrófono. Los agudos de las sopranos resultaban estridentes y distorsionados. Las voces masculinas salieron mejor paradas en este caso.
También es preciso dosificar la búsqueda de la risa fácil. El elemento zafio, presente sin duda en la cultura cubana, quedó muy exagerado en esta puesta, sobre todo, lamentablemente, en el rol titular. Hilda del Castillo posee una técnica encomiable y una voz poderosa, con la que bien pudo haber prescindido del micrófono; sin embargo en el aspecto de la interpretación dramática tiene aún mucho camino por recorrer. Sus gestos eran exagerados, especialmente, en la lamentable escena final. Su caracterización de Amalia Batista fue plana y superficial, sin la gracia, la elegancia y hasta el halo trágico que debe tener el personaje.
Raquel Rubí como Carmita estuvo mucho más convincente y encantadora en su papel de joven enamorada. Grethel Ortiz es un talento joven con una voz magnífica y una gracia especial para los papeles cómicos. En el trío: Yo quiero estar en las nubes resultó deliciosa. Este trío fue una de las mejores cosas de la noche.
Uno de los pilares de esta puesta fue Armando Naranjo en el rol de Alberto. Su hermosa voz se lució más que nunca en este papel, que parece hecho a su medida. También su trabajo dramático es digno de encomio. Luis Riopiedre como Julio, el petimetre que seduce a Amalia y luego la deja por Carmita es un joven talento que promete mucho. Su trabajo, tanto vocal como dramático, le ganó muchos aplausos.
Jesús Brañas es un sólido valor de Grateli que ha sabido ganarse no sólo la admiración sino el cariño del público que volvió a aplaudirlo como Monguito, especialmente en el pregón: Churrito.
La escenografía y las luces del legendario Demetrio, como siempre, un punto de sólido apoyo a la producción. El vestuario, aunque desigual, fue también un acierto de esta producción, algunos vestidos muy hermosos y muy en época, en cambio otros eran un tanto incongruentes, especialmente en el cuerpo de baile. La coreografía, aunque simple, fue muy acertada y muy aplaudida.
Mención especial para el coro, a cargo de Greisel Domínguez que tan importante papel juega en escenas clave. También muy cumplidos los pregoneros y los papeles no cantados, especialmente Ana Lydia Méndez que se robó al público como Mariana.
La música de Parats es bellísima, sin duda, aunque la trama de Amalia Batista ostenta costumbres y valores de una época y de una Cuba muy lejana. A pesar de su estructura de telenovela y de sus estereotipos, la música hace que la obra siga siendo disfrutable. Esta nueva puesta de Pro Arte Grateli demuestra, que como en las óperas sobre reinas míticas o dioses del Olimpo, la música redime cualquier deficiencia del argumento y de sus valores éticos. Finalmente es preciso destacar el trabajo de Jesús Rúspoli en el podio y la dirección general del legendario José Le Matt.•



























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