Para una persona de cierta edad adicta a la política que necesita hacer un poco de dinero extra es el trabajo perfecto con un nombre de sonido exótico: b oletero
El nombre se refiere a las docenas o quizá cientos de operativos pagados que buscan maneras de recaudar votos de boletas ausentes en Miami-Dade.
Es un mundo turbio, como muestra el caso de Deisy Cabrera, de 56 años, en Hialeah.
Cabrera fue acusada el miércoles de un cargo estatal de delito de mayor cuantía por haber falsificado supuestamente la firma de una anciana en una boleta ausente, y con dos cargos de violar una ordenanza del Condado Miami-Dade que prohíbe la posesión de más de dos boletas ausentes llenas.
Los boleteros trabajan al filo de la letra y el espíritu de la ley, afirmó Christian Ulvert, importante consultor demócrata que ha gestionado campañas en La Pequeña Habana y Miami Beach.
Estos boleteros en Miami Dade han llegado a ser como ciertos consultores políticos, añadió Ulvert. Uno no los quiere trabajando para uno. Pero uno no los quiere trabajando en contra de uno. De modo que algunos candidatos deciden que hay que pagarles y ya.
Es una industria casera en un condado en que casi 50,000 personas ya entregaron sus boletas por correo, de 150,000 que las solicitaron. Todo eso para unas primarias del 14 de agosto para campañas relativamente pequeñas y la alcaldía de Miami-Dade.
El número exacto de boleteros no está claro. Los consultores estiman que puede haber de 5 a 100 en el condado.
Muchos actúan como agentes libres para múltiples campañas, y pueden ganar hasta $5,000 por alrededor de un mes de trabajo. Una campaña individual puede pagar hasta $1,000.
Cabrera ofreció sus servicios a algunas campañas que incluyeron contratar equipos de voluntarios y servicios de bancos telefónicos a un costo de $3,000.
A menudo los boleteros son ancianos y tienen años de experiencia trabajando como voluntarios de campaña. Con el tiempo, crean relaciones con los ancianos y los votantes de sus comunidades, instituciones de vida asistida y complejos de apartamentos.
Los mejores boleteros tienen acceso a unos 200 votantes, los menores a unos 30.
Mientras más votantes ellos dicen representar, más dinero pueden ganar de cada campaña para la que trabajan, especialmente este año, cuando la boleta del 14 de agosto en ciudades como Hialeah tiene hasta dos docenas de candidatos y preguntas. Teóricamente, los boleteros sacan dinero a cada candidato.
Una boleta ausente puede valer cientos de dólares, en dependencia de cuántas campañas atiende un boletero. De modo que, mientras mayor sea la boleta, mayor es el cobro.
Los corredores de boletas existen virtualmente en todas partes, pero tienen una fuerte presencia en Miami-Dade, el mayor condado de la Florida, dominado por una comunidad cubanoamericana obsesionada con la política. La cultura política y las fortunas con que cuentan las campañas han creado una floreciente industria de consultores, anunciantes y boleteros. Y en ningún lugar son tan comunes los boleteros como en la más cubana de las áreas de la Florida: Hialeah.
Las grandes campañas para alcaldes y congresistas no necesitan los servicios de los boleteros porque los candidatos son bien conocidos y cuentan con presupuestos para anuncios de radio y televisión que pueden llegar fácilmente a $1 millón.




























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