El presidente ecuatoriano Rafael Correa no cede terreno ni quiere perder su medalla de oro como el mayor enemigo de la libertad de expresión. No ceja en sus ataques a la libertad de prensa y en sus arremetidas contra el derecho de los ciudadanos del Ecuador a elegir cómo y donde se informan. Ya prohibió a ministros y funcionarios de su gobierno hacer declaraciones y dar información a la prensa independiente y ahora, siguiendo con su escalada, ordenó la no colocación de publicidad oficial en medios privados , como una forma de represalia por la línea editorial e informativa independiente que estos mantienen. Es el criterio técnico que aplica Correa para otorgar una publicidad que se paga con los dineros de los contribuyentes ecuatorianos. La independencia y la pluralidad informativa a Correa no le gustan y castiga a los medios que no son oficialistas. Usa los dineros públicos para sancionar pero a la vez y como contrapartida, y esto es importante, premiar a aquellos medios y periodistas amigos. Concretamente, les paga a aquellos que son oficialistas y que solo dan información favorable a él y a su gobierno. A la publicidad oficial , la transforma en un instrumento un poco más disimulado para repartir fajos de billetes entre su gente.
En lo mismo están sus colegas y amigos: los Kirchner desde que asumieron la presidencia en Argentina en el 2003 han incrementado los fondos que destinan a la publicidad oficial en un 1300 por ciento. Es mucho , mucho dinero, el que en casi su totalidad y cada vez mas descaradamente, e incluso desobedeciendo expresos dictámenes judiciales, lo vuelcan a medios públicos que maneja el propio gobierno y a medios privados oficialistas y amigos. Pasa lo mismo con Chávez, Evo Morales y Ortega ,pero en estos casos es más difícil conseguir las cifras que cuantifican la arbitrariedad.
Pero el manejo arbitrario y discriminatorio de la publicidad oficial no es solo un atentado contra la libertad de expresión, es , al mismo tiempo una de las mayores formas de corrupción; de utilización de los dineros públicos en función de los intereses privados del funcionario. Se da plata del erario, en grandes cantidades y por supuesto con la carátula publicidad oficial, a familiares, a socios, a correligionarios, a amigos y a empresas que pertenecen al propio funcionario, creándose verdaderos imperios y no solo de la comunicación. Pero esa es también la vía de financiación de campañas electorales, desvirtuando las bases que garantizan la limpieza y libertad de las elecciones, como lo son el derecho de elector a informarse sin límites y sin ningún tipo de traba que le impida acceder a toda aquello que necesita saber al momento de delegar su soberanía y la igualdad de condiciones para todos los postulantes. Es difícil hablar de democracia y elecciones legítimas con este estado de cosas y mas en estas épocas de presidentes-candidatos siempre dispuestos a la reelección.
. Como ya lo anticipa Chávez, quien, seguro de su permanencia en Miraflores, anuncia -como quien dice, abre el paraguas- que la oposición denunciará un fraude electoral. Algún dato tendrá el comandante bolivariano pero no de lo que va a hacer la oposición sino de lo que quizás va a hacer el Consejo Nacional Electoral, mayoritariamente chavista.
Y lo de Correa tiene su originalidad: gasta enormidad de dinero para propaganda de su gestión , lo que llama publicidad oficial, abusa del poder del Estado al que pone al servicio de su imagen y su administración, prohíbe dar información publica y oficial a los medios independientes y les niega a estos publicidad oficial, y, como si no bastara, plantea impedir a los medios de comunicación hacer entrevistas o artículos sobre candidatos. Esto es, a los de la oposición; sobre la promoción de correísmo eso se deja en manos de la publicidad oficial.




























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