En el trascurso de la semana pasada el senador demócrata Harry Reid expresó que un importante inversionista de Bain Capital le aseguró que Mitt Romney no había pagado impuestos durante, al menos, diez años. La respuesta del candidato republicano fue: Demuéstralo o cállate. ¿No sería más fácil que lo demostrara él, con la prueba reina, permitiendo que los votantes vean sus impuestos? Es como si el acusado en un juicio por un crimen reclamara que es inocente ante el juez, diciendo que tiene el video de otra persona ejecutando el crimen, pero negándose a mostrarlo al jurado.
Lo cierto es que con cada día que pasa, este candidato oculta más su pasado, y emite comentarios y juicios que asustan de imaginarlo sentado en la Oficina Oval.
Se fue de gira por Europa e Israel para mostrar sus dotes de estadista. Pero casi no había aterrizado en Londres cuando ya estaba ofendiendo a los ciudadanos del más importante aliado de este país, diciendo que sus Juegos Olímpicos no estaban bien preparados. Sus comentarios despertaron la furia de los londinenses, del primer ministro británico y del alcalde de la ciudad. Después fue a Israel,.donde dio un discurso en el que citó a un autor, Jared Diamond, y su libro, Guns, Germs and Steel, para dar una explicación sobre la diferencia entre las naciones ricas y poderosas, y las pobres y débiles, que instó al propio autor a escribir una columna en el New York Times, expresando que, no solo había sido mal citado, sino que por las palabras de Romney, concluía que éste ni siquiera había leído su libro. (De paso dijo que gracias al discurso, descubrió que el ex gobernador también lo había difamado en su autobiografía.)
Pero la ‘sorpresa’ mayor vino con un informe del Tax Policy Center del Brookings Institution y el Urban Institute. Estas dos organizaciones investigativas no partidistas de Washington, una dirigida por un ex asesor económico del gobierno del ex presidente Bush hijo, concluyeron que el código de impuestos que propone Romney extenderá enormes recortes a las familias con ingresos anuales de $3 millones o más (la décima parte más rica del 1 por ciento), y subirá la carga a la clase media y baja.
Pero quizá no sea tan mayúscula la sorpresa. Una vez más, también la semana que pasó, la Cámara de Representantes de mayoría republicana, votó en contra de mantener los recortes de impuestos a la clase media, propuestos por el presidente Obama, porque no incluía recortes al 1 por ciento más rico.
Desde que comencé a interesarme por la política he escuchado que el Partido Republicano siempre ha estado a favor de los recortes de impuestos. Creo que ese lema hay que cambiarlo por: A favor de los recortes de impuestos a los millonarios. La diferencia ahora parece ser que, mientras el Partido Republicano de George W. Bush favorece solo al 1 por ciento de la población, el nuevo candidato quiere favorecer a la décima parte más rica de ese 1 por ciento.
También esta semana que pasó, Romney dijo que no aceptaría un recorte en el gasto militar. Así que no recortar en el gasto militar, más otra tanda de recortes por $250,000 a los ingresos más altos (en total $86 billones), cancelación de la ley de salud del presidente Obama y reducción del déficit. Ese es el plan del ex gobernador. ¿Y quién va a cargar con eso? La clase media y baja. ¿Cómo? Viendo un aumento en sus impuestos. Y, a la manera de nuestro gobernador de la Florida, viendo como recortan en la educación pública, en la salud y en los programas de ayuda a quienes de un estado que los apoye.
Si con la ley de ahora tal parece que las personas como él no están obligadas a pagar impuestos todos los años, ¿cómo sería cuando estos recortes entren en vigencia? ¿Les devolverá el estado los $250,000 que propone?
Eso no es EEUU. Eso parece la Europa de la realeza arbitraria. La de esos reyes que enterraron tanto al pueblo que terminaron allanando el camino para sangrientas revoluciones. ¿Dónde están las voces sensatas del Partido Republicano? Al menos escojan un candidato que lea loque cita. Un candidato con un pasado claro, que sea sincero.
Esto no es justicia, igualdad, democracia. No es siquiera una política económica conservadora. Es un programa caprichoso. . Que, como dice Bill Clinton, emula las políticas que llevaron al descalabro de la era Bush, con esteroides.


























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