El año pasado, Carlos Giménez hizo una apuesta. Y la ganó.
Giménez, entonces comisionado del Condado, renunció a su escaño para postularse a la alcaldía de Miami-Dade tras la deposición de Carlos Álvarez. No se esperaba que Giménez ganara porque tenía una campaña poco eficiente y enfrentaba a un oponente impecable, el ex alcalde de Hialeah Julio Robaina.
Pero lo hizo y cumplió el resto del término de Alvarez. Ahora, con un año de experiencia como alcalde fuerte del Condado en su haber, Giménez se postuló para la reelección, esta vez para un término completo de cuatro años.
Primero, tendrá que derrotar en la elección del 14 de agosto a seis rivales, el principal de los cuales es el presidente de la Comisión Joe Martínez, su antiguo colega y enemigo en el Ayuntamiento durante el último año. Si ningún candidato gana la mayoría de los votos, habrá un desempate el 6 de noviembre.
Para Giménez, quien tiene mucha seguridad en sí mismo, su primero año en el cargo fue un período de prueba para demostrar a los votantes que puede cumplir con sus planes de rehacer el gobierno condal tras muchos disturbios políticos.
Yo sé que soy el mejor candidato, indicó Giménez en una entrevista. Cuando se mira en conjunto, mi administración ha hecho más en un año que la mayoría de las administraciones hace en ocho.
Enumeró sus logros: reducir el presupuesto del Condado, bajar la tasa del impuesto a la propiedad (lo cual él no podría haber hecho sin la aprobación de la comisión, algo que a Martínez le gusta señalar), negociar concesiones de los sindicatos de empleados (incluyendo la imposición de una polémica contribución adicional al seguro de salud del sueldo base de los empleados) y la reorganización de la burocracia del Condado de 42 departamentos a 25.
Su breve estancia en el cargo no ha carecido de críticos. Comisionados que representan los distritos menos acaudalados han advertido que la rebaja continua de la tasa del impuesto a la propiedad ha reducido los servicios en algunas de las comunidades más necesitadas. Líderes sindicales han puesto en tela de juicio si los sacrificios de los empleados eran necesarios y advirtieron que la moral de trabajo ha bajado.
Giménez declaró que su meta es traer estabilidad a un condado golpeado por la situación económica. Lo peor, aseguró, ya ha pasado.
Yo dije a los empleados: Ustedes van a hacer este gran sacrificio una sola vez. Luego vamos a recuperarnos, comentó recientemente a la junta editorial de The Herald.
Antes de que pueda pensar en pedir más dinero a los residentes añadió Giménez, los líderes del Condado tienen que devolverles la confianza en el gobierno.
Cuando la gente considera que se está malgastando su dinero, no quieren darte ninguno, indicó.
Las lecciones de gobierno de Giménez se pueden rastrear en sus tres décadas en la ciudad de Miami.
Giménez, quien nació en Cuba y vino a vivir a La Pequeña Habana con su familia cuando tenía 6 años, entró al Departamento de Bomberos de Miami cuando tenía 20 años. Fue subiendo de rango hasta llegar a jefe de bomberos, un cargo que ocupó durante nueve años en la década de 1990. Completó su diploma de bachillerato en la Universidad Barry con la intención de llegar a administrador de la Ciudad. Al ser nombrado al puesto, famoso por lo poco que dura la gente en el mismo, Giménez se mantuvo en él durante casi tres años, y estabilizó la Ciudad tras una serie de problemas de presupuesto y escándalos de corrupción.





























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