Deisy Pentón de Cabrera es una mujer deshabilitada que camina con dificultad pero durante años mantuvo la disciplinada costumbre de recorrer toda Hialeah para visitar a los votantes que reciben boletas ausentes.
Cabrera, de 56 años, contaba con la ayuda de amistades que la llevaban casa por casa, para pedir, presionar o asumir el voto de ancianos, según los testimonios de varios electores. Sin embargo, a pesar de ser conocida como una prolífica boletera de Hialeah, el trabajo pagaba poco o pagaba en efectivo; los registros de las campañas por las cual ha trabajado de manera documentada indican que su compensación era nominal.
Para muchos observadores de la cargada política de Hialeah, Cabrera era apenas un pequeño engranaje en una maquinaria con mala fama por fraude electoral. El jueves fue acusada de un cargo grave de falsificar una firma en la boleta de una anciana internada en un asilo con un tumor cerebral y dos cargos menores por violar una ordenanza condal que limita la recolección de dos boletas ausentes.
Su abogado, Eric Castillo, dijo el sábado que Cabrera no comentará sobre el caso.
En este momento, la señora Cabrera se considera inocente ante la ley, y esa presunción permanecerá al menos que la fiscalía cumpla con su responsabilidad de demostrar [que Cabrera] es culpable en todas las acusaciones de una manera que supere las dudas razonables durante un juicio, indicó.
Como muchos de los llamados boleteros que operan en Miami Dade, Cabrera visitaba a decenas, sino cientos, de electores de Hialeah durante las temporadas de elecciones. Los conocía a través de una enorme red social que incluye clientes del supermercado Sedanos en su barrio, edificios de apartamentos para ancianos, y los amigos y parientes de aquellos votantes que dependen en su ayuda para llenar las boletas.
En otros casos, votantes dijeron que Cabrera simplemente les llamó o tocó la puerta para ofrecer sus servicios de orientación para las boletas ausentes.
Ella vino aquí, no sé de dónde salió esa vieja, dijo Heriberta Barrizonte, de 79 años, quien permitió que Cabrera llenara su boleta ausente dos veces el año pasado a cambio de una supuesta promesa de ayuda con el subsidio de viviendas del Plan Ocho.
Con algunos votantes, Cabrera sólo daba sus consejos sobre los mejores candidatos. En otros casos, los electores permitían que Cabrera llenara sus boletas, y ellos simplemente firmaban. Una votante dijo a El Nuevo Herald que se sentía presionada a votar por los candidatos que Cabrera escogía; sin embargo, la mayoría estaban satisfechos con los candidatos o no les importaban.
Nos ayudó a mí y a mi esposa por la edad que tenemos, declaró Arturo Santiesteban, de 81 años. Me molesta ir a los colegios, estar de pie una hora, dos horas, esperando nuestro turno.
Con cada votante, Cabrera dejaba una tarjeta de presentación con los colores patrios de Estados Unidos, su nombre y dos números de teléfono. En las tarjetas, deletreaba su nombre Daisy Cabrera, aunque su nombre realmente es Deisy.
Cabrera les imploraba a los votantes que no permitieran que otra persona tocara su boleta. También les preguntaba si conocían a otros votantes que podrían beneficiarse de su ayuda.





























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