Un viaje a la región del antiguo reino de Aragón comienza forzosamente por la legendaria Zaragoza, la capital regional. Lo primero que salta a la vista del viajero es la impronta del pasado mozárabe en todo el territorio. De hecho, la gran gesta medieval del español, en forma de poema épico, el conocido Cantar del Mío Cid, se encuentra indisolublemente ligado a esta zona, centro de las campañas militares del Cid campeador durante aquellos tiempos de Reconquista cristiana sobre las posesiones ocupadas por los moros.
Zaragoza posee dos edificios declarados Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO. El primero de ellos es una joya del gótico flamígero y se conoce como La Seo, templo catedralicio que es icono de este estilo en el norte de España y cuya construcción data del siglo XIV. El otro, nos habla del importante pasado musulmán de la ciudad. Se trata de La Aljafería, auténtica fortaleza a la vez que palacio en donde radicaba, desde su fundación en el año 1046, el poder del monarca de la taifa zaragozana y donde se radicó también el gobierno de los primeros reyes cristianos, función que sobrevive hasta hoy cuando cada jueves se reúnen allí, bajos sus estupendos techos de artesonado mudéjar, las Cortes del gobierno autonómico aragonés.
En Zaragoza numerosos son los museos relacionados con al arte y la historia local. Vale la pena destacar el Museo del Foro Casaeragusta que, como indica su nombre, es testigo del pasado romano de la ciudad, así como el Camón Aznar, en que pueden admirarse importantes lienzos de Francisco de Goya, así como la serie completa de todos sus grabados. También el Museo Pablo Gargallo, que atesora la obra de este destacado escultor zaragozano y, conservado en el interior de la sede del banco Ibercaja, el conocido Patio de las Infantas, uno de los mejores ejemplos de arquitectura renacentista civil, cuyo pasado e historia no dejarán de sorprender al visitante.
Aunque no es, arquitectónicamente hablando, un monumento de primer orden, la gran Catedral de Zaragoza, conocida en el habla popular como La Pilarica por hallarse en ella el pilar de la Virgen adorado por los fieles, es el edificio histórico más monumental y simbólico de la ciudad. Poemas y coplas lo evocan, así como a su virgen, desde que el pueblo zaragozano ofreció sacrificada resistencia al invasor francés en 1808. Se alza majestuosa, con sus techos de tejas blancas y azules, a orillas del caudaloso río Ebro, entre el hermoso puente de piedra que lo atraviesa y la extraordinaria plaza Nuestra Señora del Pilar.
No faltan en Zaragoza los locales de vida nocturna. Existe, en la parte antigua de la ciudad, una zona universalmente conocida como “zona de tapeo”, que acoge gran cantidad de sitios cuya especialidad es justamente la gran variedad de tapas acompañadas de excelentes vinos de las riberas próximas. De las especialidades gastronómicas sobresale la borraja, hortaliza autóctona y exclusiva de esta región, cuya virtud de antídoto contra el cáncer de estómago ha sido avalada hoy por la ciencia. El bacalao ajoarriero, el pollo al chilindrón, las diferentes formas de preparar las migas y los huevos al salmorrejo forman parte del patrimonio gastronómico de la ciudad y pueden ser degustados en muchos de sus restaurantes típicos, entre los cuales El Verrugón es una dirección de excelente balanza de calidad y precio.




























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