“Háganme juez y encerraré a los criminales y botaré la llave”.
“Este es un lema electoral que lo puede llevar a uno a la judicatura.
Pero las campañas judiciales, sin embargo, no pueden recurrir a esa clase de fanfarronadas.
El resultado es que las campañas judiciales son las menos agresivas de toda la política. Tan ligeras, que los votantes no tienen idea, por lo general, de por quién están votando, si es que lo hacen.
Consideremos el lema intencionalmente vago de la jueza de circuito Dale Ross, del condado Broward: “Legado de Justicia, Compromiso con la Comunidad y la Familia”.
Mientras tanto su oponente, Michael “Mickey” Rocque, da una prolija disertación en la página web de su campaña, con un resumen de su vida desde su nacimiento en un suburbio de New York City hasta su empleo actual, como representante de “cientos de personas de nuestra comunidad con sus problemas legales y sus presentaciones en la corte cada año”.
Lo que no está claro es lo que cada uno de ellos haría exactamente de ser elegidos el 14 de agosto. Simplemente, no se les permite decirlo.
Las regulaciones estatales de las campañas prohíben que los candidatos judiciales hagan promesas o se conduzcan en el cargo fuera de los límites más superficiales de la imparcialidad.
Y aunque los candidatos judiciales pueden hablar en público sobre sus opiniones sobre temas candentes y específicos (como el aborto, la pena de muerte, etc.), pocos lo hacen.
“Un candidato judicial puede, pero no está obligado a abrazar creencias personales siempre y cuando explique que seguirá la ley”, dijo Rebecca Mae Salokar, presidente del Departamento de Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Internacional de la Florida. “Pero tienden a no ser muy comunicativos”.
Y de este modo, los votantes interesados que deseen tomar una decisión bien fundamentada, se ven forzados a leer entre líneas y suponer cómo actuaría un candidato.
“¿Apoyado por la Asociación Benevolente de la Policía?” Ese es un candidato duro con el crimen. “¿Veinte años de experiencia como defensor de oficio?” Ese tiene simpatías por los pobres y los oprimidos.
Mientras tanto, los aspirantes a jueces se ocupan de apelar al sector más amplio posible del electorado mientras recaudan los fondos necesarios para montar una campaña eficaz.
El día de las Primarias, los electores escogerán a dos clases de jueces: de circuito, que se ocupan de casos de delitos penales y de litigios civiles de importancia (con un salario anual de $142,178 —superior incluso al de gobernador); y del condado, que se ocupan de casos de delitos menores y de disputas financieras menores (salario: $134,280).
Hace falta un fondo de por lo menos $75,000 para montar una campaña exitosa, dijo Gerald Schwartz, que durante décadas fue consultor de campañas judiciales en el condado. Schwartz, de 84 años, cobraba unos $20,000 por asesorar a un candidato sobre dónde y cómo aspirar al cargo, y se anotó la victoria en más de 100 contiendas durante su carrera.
El dinero se emplea en parte en empapelar las calles y carreteras con carteles electorales que por lo general llevan un nombre, una foto, una especie de lema corto, y poco más, aunque hasta en eso hay sutilezas. Edward Newman, un juez titular de Miami-Dade, usa los colores aqua y azul verdoso para recordarle a la gente que, en sus días, jugó como lineman de los Miami Dolphins.





























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