Como cuando un artista busca en pasadas épocas nuevas inspiraciones para nuevos proyectos, la transición política de Cuba no está evolucionando—no está mirando al pasado. En gobernabilidad, el pasado ofrece lecciones claras; el futuro es una ruleta rusa porque no tiene límites, ni hay el control de los militares. El pasado le enseña al castrismo que el momento llega en el que el destino te asalta: la bolsa, o la vida.
En la dirección en que se enfila el castrismo, no hay quien les haga un seguro de vida. Eso es a lo que nos enfrentamos cuando se vea el castrismo con la soga al cuello:qué escape van a sacar del sombrero, pues el Proyecto Varela.
Inspirándonos en la presente primavera árabe, en la que tenemos todas las desventajas de los iraníes del Movimiento Verde que perdió su unidad debido a las violentas represalias del régimen iraní; y los egipcios, donde se dieron un autogolpe los militares limpiando de la pista al dictador de 30 años, Hosni Mubarak, pero como no hay Constitución que los meta en los cuarteles y los saque del control de la economía, vamos a exigir una sola cosa: el Proyecto Varela. La experiencia en Irán es como la nuestra al presente; la egipcia, muy bien puede ser la que nos espere si nos metemos a hacer arreglos con el Diablo.
Se ha perdido hasta el momento presente la lucidez de Oswaldo Payá en el Proyecto Varela que pidió algo concreto, simple, y fácil de entender: “el derecho a los derechos” dentro de un sistema constitucional, aunque no lo respeta el que lo impuso, pero sí nos quieren hacer ver que hay legalidad institucional en Cuba. Tomémosles la palabra.
. Los diálogos y consensos no pueden llevarse fuera de un marco constitucionalista definido de antemano. Una vez definida cuál es la Carta Magna con la que todos tendríamos que vivir, entonces sí nos podríamos definir entre realistas o populistas, de acuerdo con lo que quisiéramos, y cómo -modificar la carta en la constitución elegida.
Un Proyecto Varela 2.0 dejaría el camino limpio para el que el magistrado más antiguo del Tribunal Supremo jurase la Constitución, y nombrase un primer ministro. No hay que pedirle permiso ni al Departamento de Estado ni a la Iglesia Católica cubana. No tienen voz ni voto los consensuales al diálogo.
Juan Tomás Sánchez
Coral Gables





























Mi Yahoo