Televisores de pantalla plana, cereal Froot Loops, lavadoras, computadoras portátiles, juegos de cama. No hay problema.
Pero aires acondicionados, una cortadora de césped eléctrica, secadoras de ropa, y hasta una piscina portátil, son rechazadas. El gobierno cubano ha vetado estos artículos desde que International Port Corp. (IPC) inicio un servicio humanitario de embarques desde su terminal en el Río Miami, en julio.
El gobierno de Estados Unidos permite enviar a la isla casi cualquier cosa bajo la cobertura de la ayuda familiar una excepción al embargo de cinco décadas siempre que el destinatario sea un individuo o los productos sean llevados por cubano de visita que regresa a su país, declaró Leonardo Sánchez-Adega, director de mercadeo de IPC. La definición estadounidense de lo que se permite es muy amplia siempre y cuando no entre en conflicto con una prohibición sobre transferencias de tecnología.
Es el gobierno cubano el que es exigente. Recientemente rechazó una piscina portátil, que el remitente aseguró que iba a ser usada como cisterna de emergencia. En una isla con una severa escasez de agua, las piscinas personales no son bien vistas. El gobierno está dispuesto a aceptar ventiladores, pero no unidades de aire acondicionado. Las lavadoras de ropa están bien, pero no las secadoras, que consumen energía eléctrica, indicó Sánchez. Aunque las bicicletas son un artículo común en los embarques, los cubanos rechazaron recientemente un chasis de motocicleta y una trasmisión de automóvil.
Desde que se convirtió en la primera compañía en más de 50 años en ofrecer servicio marítimo directo de Miami a La Habana, International Port Corp. ha estado en contacto regular con el gobierno cubano acerca de lo que es aceptable y lo que no. Cuando un artículo es rechazado, IPC llama al remitente para que lo recoja, una alternativa mejor a la de que sea confiscado en La Habana.
IPC, cuyo servicio de entregas ha sido aprobado por el gobierno de Estados Unidos, utiliza un buque de carga de 300 pies, el Ana Cecilia, y se propone hacer un viaje semanal a Cuba.
El tercer cargamento está programado para salir el miércoles. Sus dos contenedores de 45 pies están llenos de casi todo, hasta un fregadero. También hay equipos para un taller de máquinas que un cubano de visita se propone abrir en la isla, equipos electrónicos, bicicletas y muchos artículos pequeños (un juego de cazuelas y sartenes, medicinas, un asiento de inodoro, una aspiradora de taller, muñecas Barbie, calzoncillos de Batman y especias).
El viaje demora de 16 a 18 horas. La descarga ocupa una hora o algo así, y después el Ana Cecilia da media vuelta y regresa a Miami. A la tripulación de ocho integrantes no se le permite desembarcar.
El sábado, un trabajador de IPC estaba ayudando a Gladys Casanova, residente de Hialeah, a preparar su envío, que incluía cereal, leche en polvo, galleticas, pasta y otros artículos alimenticios. Sus artículos fueron contados, pesados y reempacados en una bolsa de plástico transparente, y declarados en un manifiesto que acompaña cada paquete.
Esto es para mi sobrina. Ella no tiene a nadie allí y no tiene empleo, a pesar de que ha estudiado, indicó Casanova.





























Mi Yahoo