Un par de perros malteses, padre e hija, eran parte integral del núcleo familiar de Patrick Orlando.
Ellos comían con nosotros, dormían con nosotros, se bañaban con nosotros, dijo Orlando. Y ahora nuestra familia ha sido desgarrada.
Tras una visita al veterinario el 2 de julio, Orlando entró al Publix de Mary Brickell Village. El dejó los perros en el carro por los 10 minutos que le tomó hacer las compras.
A la salida, Orlando encontró rota la ventanilla del lado del pasajero, y los dos perros no estaban por ninguna parte.
El hombre angustiado llamó a la policía para reportar un robo, el primer paso de los muchos que tendría que hacer en las próximas cuatro semanas para encontrar a los animales desaparecidos.
Fue un delito no premeditado, dijo Orlando. El vuelve a revivir ese día una y otra vez, dijo, tratando de recordar detalles sobre quién pudo llevarse los perros.
Orlando pidió tres semanas de licencia de su trabajo para levantarse al amanecer y pegar volantes por todas partes, desde La Pequeña Habana hasta Brickell Avenue, con la esperanza de que alguien supiera dónde encontrar a Misha, de 5 años, y a Bianco, de 7.
Yo me acostaba a las 3 a.m., pero no podía dormir más de 90 minutos, dijo Orlando. Es duro no saber si están vivos o muertos, o con quién están.
Durante el último mes, Orlando vio sus esperanzas destrozadas una y otra vez a la salida de refugios para animales desde Fort Lauderdale a West Kendall, sin la fortuna de encontrar a sus perros. El vio 120 perros, pero ninguno era el suyo.
No obstante, el sábado a la caída de la tarde, Orlando recibió una llamada de la Sociedad Humanitaria de Broward sobre una maltesa blanca que respondía al nombre de Misha. El corrió al refugio.
Cuando ella me vio, se quedó paralizada, dijo Orlando.
El dueño se llevó a casa a Misha, de 5 libras, toda desaliñada. Dos de sus patas están rotas, una cadera dislocada, y está parcialmente ciega. Ella había sido atropellada por un carro. Antes de salir del refugio, le pusieron un microchip.
Un empleado de la Sociedad Humanitaria de Broward había visto las súplicas a la comunidad de Orlando en los noticieros de la televisión local, y lo relacionó con la perrita maltesa lesionada que habían traído el 7 de julio los bomberos de Opa-locka.
Los bomberos dijeron que la perra había sido abandonada anónimamente en una caja junto a la Estación 54.
Pero Bianco sigue desaparecido. Orlando dijo que al maltés blanco de 8 libras le falta una uña en una de las patas delanteras y ladra nerviosamente cuando se le acercan personas que no conoce. El perro no tiene microchip.
Orlando ofrece $3,000 a cualquier persona que encuentre a Bianco, sin hacer ninguna pregunta. El gastó la misma cantidad, dijo, en sus esfuerzos por encontrarlo. El contrató a un investigador privado, envió a un equipo pagado a la calle para entregar volantes, puso más de 16,000 afiches y utilizó Facebook.
Bianco y Misha eran la familia de Orlando mucho antes de su matrimonio con su esposa Jennifer y el nacimiento de su hija Francesca, de 17 meses.
Orlando vio nacer a los dos perros en Lima, Perú, cuando él todavía estaba saliendo con Jennifer.
Orlando, quien ahora es un banquero de Brickell, incluso llevaba a los perros consigo al trabajo.
Ellos eran tan callados y se portaban tan bien que nadie se daba cuenta, dijo el miércoles desde su oficina, con la perrita en los brazos.
Esta no es la primera vez que el crimen ha golpeado a su familia. En el 2011, la hermana de Orlando, diseñadora de modas de 33 años que vivía en Nueva York, fue encontrada muerta en un cuarto de hotel en Soho. Ella también era amante de los animales y tenía dos poodles miniatura, Pepper y Loli.
Ha sido muy difícil lidiar con su pérdida, y ahora siento que he perdido de nuevo a alguien que quiero, dijo orlando.
Anyone with information on Bianco is urged to call 305-432-2218.






























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