Había agujas usadas junto a una Biblia junto a una ventana. Montones de juguetes cubrían el piso, donde las cucarachas corrían sobre arena para gatos entre dos colchones manchados. El hedor era insoportable, una combinación de mugre, excremento animal y un refrigerador vacío y lleno de moho.
Las paredes estaban cubiertas con dibujos de corazones y los nombres de los niños. Un dibujo hecho con palitos en crayola morada mostraba a la familia Orellana con cuatro niños, el padre y la madre, esta última con la cara tachada.
El jueves por la noche, la Policía de Miami arrestó a Gabriel de Jesús Orellana y Renée Marie García en su apartamento en el 971 W. Flagler St. bajo acusaciones de negligencia infantil, prostitución y posesión de parafernalia de drogas. Sus cuatro hijos dos niños y dos niñas de edades que van entre 7 y 13 años quedaron bajo custodia del Departamento de Niños y Familias.
La investigación de esta semana comenzó con una llamada al 911 para reportar que Orellana estaba en una calle cercana, golpeando a una de sus hijas y al parecer abordando a los hombres que pasaban para ofrecerles que tuvieran sexo con ella. Pero cuando se le acercó un agente encubierto, en vez de ofrecerle a su hija, Orellana le dio el número telefónico de García, la madre de la niña.
García respondió la llamada del agente encubierto y acordó tener sexo con ella a cambio de dinero si la llevaba primero a comprar drogas. El la llevó al área de Overtown, la miró comprar lo que parecía marihuana, y la arrestó junto a Orellana una vez que regresaron al apartamento.
La policía está investigando alegaciones de prostitución infantil.
Los vecinos dijeron que ellos sabían que algo andaba mal en ese apartamento, que hacía esquina, en que la puerta estaba siempre cerrada y los niños estaban siempre sucios y hambrientos. David Basterrechea, el encargado del edificio que vive del otro lado del pasillo, indicó que la familia llevaba sólo cinco meses en el edificio, pero todos en el pasillo estaban preocupados por los niños descalzos que andaban dando vueltas a cualquier hora del día o de la noche.
Basterrechea aseguró que la familia estaba falta de dinero, y que había empezado a ver recientemente a los niños vendiendo cajas de chocolates cerca del Walgreens vecino. Pocas semanas atrás, García, la madre, se jactó ante él de que un desconocido le había ofrecido dinero para llevar a las niñas al parque y que ella lo dejara verlas jugar.
Yo pensaba: dónde está ese tipo, quiero retorcerle el cuello por enfermo mental, declaró Basterrechea. Pero ella decía: No, vamos a esperar a que Gabe [Orellana] regrese a casa y entonces lo vamos a asaltar.
Aunque este plan nunca se llevó a cabo que él supiera, Basterrechea sospecha que los padres estaban obligando a sus hijas a que vendieran algo más que chocolates. Aseguró que cuando el agente de la Policía de Miami que era parte de la operación encubierta preguntó a Orellana si podía tener sexo con una de las niñas, el padre dio un precio por cualquiera de las dos (las niñas tienen 8 y 11 años).






























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