PEKIN -- Cuando Liu Xiang, la superestrella china de atletismo, chocó contra el suelo en los Juegos Olímpicos de Londres días atrás tras haber tropezado sobre el primer obstáculo en su eliminatoria de 110 metros con obstáculos, uno de los anunciadores en la estación de transmisión nacional lloró abiertamente y pasajeros del metro que abarrotaban pantallas de televisión en plataformas dejaron escapar expresiones de horror.
Pero en vez del desprecio y la ira que Liu enfrentó hace cuatro años cuando una lesión similar en su tendón de Aquiles lo obligó a salir del estadio olímpico en Pekín justo antes de que empezara la carrera, la abrumadora mayoría de quienes usan el sitio de microblog más popular de la nación reaccionó con magnanimidad y gracia.Creo con firmeza que Liu Xiang es nuestro héroe, escribió un usuario en Sina Weibo. Lo fue, lo es y siempre lo será.
Una hora después del dramático tropiezo de Liu, millones de personas habían publicado mensajes, en su mayoría de apoyo y elogios. Si hubo voces de disgusto, fueron dirigidas al gobierno chino, con su rígido sistema deportivo al estilo soviético y una compulsiva fijación en ganar medallas de oro.
Con su opresivo sistema nacional de deporte, él solo tenía una alternativa: ganarse el respeto y lesionarse, escribió un seguidor.
Otro contribuyente se refirió a la caída como la tragedia de toda una generación.
Desde todo punto de vista, esta debería ser una temporada de celebración pura para China. Ha superado ligeramente a Estados Unidos en la batalla por las medallas, en tanto los juegos han producido un nuevo héroe nacional en Sun Yang, el primer hombre chino que gana un oro olímpico en natación. Pero en días recientes, una ola de falta de confianza en sí mismos e introspección con respecto a los costos humanos de la proeza olímpica de China han surgido en medio de inquietudes de que el draconiano sistema deportivo de la nación a veces está produciendo bienes dañados.
Atletas que se vienen abajo incluso pueden ser aislados tras el final de sus carreras, punto que se vio con claridad el año pasado cuando un ex gimnasta de medalla de oro fue hallado mendigando en las calles de Pekín. Se calcula que 240,000 atletas están luchando con lesiones, pobreza y desempleo.
A veces, los triunfadores revelan inadvertidamente los sacrificios que fueron obligados a soportar durante sus años de entrenamiento. La semana pasada, poco después de haber ganado su tercera medalla de oro olímpico, a la clavadista china Wu Minxia le informaron de que sus abuelos habían muerto varios años antes y que a su madre le habían diagnosticado cáncer. El padre de Wu explicó que la familia había preferido mentirle a su hija todos esos años antes que correr el riesgo de dañar sus perspectivas olímpicas. Aceptamos largo tiempo atrás que ella no nos pertenece, declaró el padre, Wu Yuming, a un diario de Shanghái. Ni siquiera me atrevo a pensar en cosas como gozar de la felicidad familiar.
Al igual que muchos atletas, Wu había sido arrancada de su familia en su adolescencia y enviada a vivir en una academia deportiva financiada por el estado, donde el entrenamiento es demoledor. Muchos atletas no ven a sus familias durante varios años. La semana pasada, después de que Lin Qinfeng reclamó una medalla de oro en levantamiento de pesas en la rama varonil, su padre declaró a reporteros que no reconocía a su hijo de 23 años de edad, al cual no había visto durante 6 años y medio, hasta que oyó que mencionaban su nombre por televisión.






























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