Acaba de fallecer –el 31 de julio— el escritor Gore Vidal (1925 – 2012). Y casi sin darnos cuenta se nos van yendo los iconos de nuestra adultez temprana, cuando dejamos nuestra patria y entramos en un mundo nuevo, el del nordeste de este país, de tradiciones norteamericanas por excelencia. Las ciudades de Boston, Nueva York, Filadelfia y Washington integraban esa franja cultural.
Gore Vidal se refugió en Italia desde los años 60 y, de 1976 hasta el 2004, en una villa en Ravello, sobre una colina a 2,200 pies de altura sobre el Golfo de Salerno del Mar Tirreno, y en plena costa Amalfitana. Pero venía a menudo a Estados Unidos, y se presentaba en los talk shows de la gente famosa, especialmente el Show de Dick Cavett, que me deleitaba. Entre los que participaban se encontraban personalidades de la talla de los escritores Norman Mailer (1923 – 2007), Truman Capote (1924 – 1984), Vidal y William F. Buckley, Jr. (1925 – 2008), quienes tenían entre sí frecuentes discusiones. Los tres primeros eran del partido Demócrata, aunque con diferentes visiones, y el último era católico recalcitrante y conservador, defensor de la misa en latín aun después del Concilio Vaticano II.
Los cuatro se caracterizaron por su ingenio y sus frases fácilmente citables. Buckley, que defendió el “McCarthysm”, por ser anticomunista radical, mantuvo un feudo con Vidal en debates televisados durante la Convención Democrática en Chicago, de 1968, donde casi se van a los golpes. En público también se pronunciaba contra Mailer, a quien acusaba de buscar notoriedad. Pero todo parecía ser un reality show, porque se admiraban privadamente.
Capote y Vidal eran homosexuales y sobrevivieron en aquella jungla de prejuicios por su excelencia como escritores y su elocuencia como contendientes. Vidal, que tenía palabras ácidas para sus contrincantes, era más sereno en público que Capote, quien tenía una voz y unos manierismos exagerados en la televisión, sin importarle “el que dirán”. Breakfast at Tiffany’s le otorgó la consagración a Capote, especialmente cuando se volcó en filme en 1961, con Audrey Hepburn como la heroína Holly Golightly. La prosa del libro hizo que Mailer dijera de él que era: “el escritor más perfecto de mi generación”.
La amistad de Capote con Lee Radziwill, hermana de Jacquie Kennedy -ambas hermanastras de Vidal, por el matrimonio de su madre Nina con Hugo Auchincloss, el padrastro de Lee y Jacqueline-, no evitó que estos dos escritores fueran enemigos acérrimos, y a fines de los años 70, Capote se sintió traicionado por Lee, por haberse confabulado con Vidal.
La fama de Mailer era de machista, mujeriego al extremo, y hasta acusado de violencia sexual por una de sus muchas esposas. Pero en el terreno literario se consideró autor de una de las 100 mejores novelas del siglo: The Naked and the Dead (1948), de la que Vidal escribió que la consideraba una farsa. En el show de Cavett, Mailer tuvo además en una ocasión un altercado famoso con Vidal, provocado por la reseña que hizo de otra de sus novelas, The Prisoner of Sex. Mailer, al igual que Buckley, aspiró en una ocasión a alcalde de Nueva York. Lo hizo por el partido Demócrata, pero con ideas consideradas “libertarianas” -como las de Ron Paul actualmente.
Es fascinante que esta rivalidad continuara con la publicación por Mailer de su obra Ancient Evenings (1983), sobre el Egipto antiguo, una novela paralela y contrapuesta a Creation (1981), sobre el antiguo Mediano y Lejano Oriente, de Vidal. •

























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