Acaban de concluir los XXX Juegos Olímpicos de Londres 2012. Grandes han sido las emociones y las históricas marcas implantadas, junto a los museos y hermosos lugares de Londres, su hospitalidad y bellas instalaciones deportivas, pero dos hechos han llamado mi atención y me han llenado de regocijo: Estados Unidos, mi país de adopción, regresa a la cima del mundo a pesar del nivel económico de China y sus millones de habitantes. Y segundo, mi islita de ensueños, el país donde nací, ha ocupado el lugar 15 por encima de muchas potencias económicas y la posición más alta de América Latina.
Ha sido de mucho regocijo el mejoramiento alcanzado por América Latina en esta Olimpiada. Países como Guatemala ganaron su primera medalla olímpica en más de 100 años de juegos. Colombia, República Dominicana, Venezuela, Jamaica y otros, en el pasado ignorados, se hicieron sentir en tierras del Imperio Británico. ¿Cómo sería si todos nuestros pueblos, en libertad, recibieran mejor atención de sus gobiernos y de sus comités olímpicos nacionales?
Y para cerrar no podía dejar de reconocer la gran victoria de México sobre su hermano brasileño en el fútbol de los Juegos Olímpicos.
Los jóvenes demostraron que sí se puede, como sí se ha podido borrar del olimpismo el racismo y las diferencias políticas. Han ganado el deporte y la felicidad.
Pedro A. Martínez
Miami





























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