Si algo contribuye a enfatizar ese feeling de ciudad que está predominando cada vez más en Miami, es el inmenso muro que sirve de pantalla de proyección en el edificio de la New World Symphony en Miami Beach. Cada vez que se anuncia “una noche de cine” en La Playa, frente a esa pared se reúnen los grupos de amigos y familias, armados de mantas y sillas plegables, para disfrutar de una película al aire libre.
Mañana a las 8:30 p.m., la magia del cine regresa a ese mismo lugar, conocido como el Wallcast (500 17th St., Miami Beach), con la proyección gratuita del filme brasileño The Clown ( O Palhaço, 2011), que da comienzo a la decimosexta edición del Festival de Cine Brasileño de Miami. El evento se celebra este año hasta el 25 de agosto en su tradicional sede del Colony Theater y en la Miami Beach Cinematheque.
Recordar los comienzos de ese festival, fruto de la visión de dos hermanas brasileñas –Cláudia y Adriana Dutra– y de su amiga Viviane Spinelli, es para mí una prueba muy cercana de que en esta ciudad los proyectos culturales son realizables. En 1997, las tres jóvenes, fundadoras del festival y de su compañía productora, Inffinito Group, recibían a la prensa en la sala de su casa en los Roads. Nada de oficinas caras ni fanfarria; sólo las motivaba la pasión por el cine y el deseo de dar a conocer la cinematografía de su país en una ciudad donde ellas confiaban que podría tener suficientes admiradores.
Corriendo de un lado para otro, las tres amigas, como mujeres orquesta, recibían lo mismo a los artistas invitados al festival que presentaban un atractivo programa de proyecciones y conferencias. Así a lo largo de estos 16 años, el público de Miami ha podido ver a importantes figuras del cine brasileño como las actrices Marieta Severo, Glória Pires, Andréa Beltrão y Marília Pera; a los actores Marcos Nanini, José Wilker y Antonio Fagundes, y al director Bruno Barreto y su hermano Fabio, entre tantos otros.
En el 2003, Vivianne, Cláudia y Adriana se extendieron a Nueva York para producir el primer Festival de Cine Brasileño en esa ciudad. En el 2006, lo llevaron a Barcelona y dos años después a Buenos Aires, Canudos (Brasil), Roma y Milán. En el 2011, lo celebraron también en Londres y Montevideo.
Sin embargo, el primer triunfo, y también las primeras experiencias de cómo organizar un evento de esta envergadura, los obtuvieron en Miami. Lo que prueba una vez más que en esta ciudad existe un público dispuesto y deseoso de recibir cada vez más eventos culturales.
“Después de 16 años, seguimos luchando por los fondos”, dijo a El Nuevo Herald Adriana Dutra. “Pero persistimos porque tenemos el trabajo más duro y a la vez más disfrutable del mundo. Nos encanta representar a nuestro país y nuestra cultura. Somos un evento oficial de las ciudades de Miami y de Miami Beach, y recibimos fondos de éstas desde 1998. Sin el apoyo de los gobiernos locales y del de Brasil no hubiéramos podido llegar hasta aquí”, preciso Dutra.
Por su parte, Nat Chediak, quien fundó y dirigió durante casi dos décadas el Festival Internacional de Cine de Miami –que en el 2013 celebra su 30 aniversario, en la actualidad producido y presentado por el Miami-Dade College–, considera que las dificultades y los retos que enfrentó en el camino siempre fueron de índole económica.



























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