Sur de la Florida

“Mal comienza la semana para...”

 

Especial para El Nuevo Herald

Nací en Holguin (Cuba) e ingresé ilegalmente a este país por vía México el 13 de junio del 2003. Me dieron parole y al año apliqué para la residencia. Poco después conocí a un salvadoreño que me gustó y, para no alargarle el cuento, nos casamos a mediados del 2005 aún sin tener yo mi residencia.

Ya casados procedimos a presentar la solicitud de residencia para él mediante una abogada. Aparentemente todo marchaba bien porque pronto le llegó su permiso de trabajo y con ese pudo sacar su licencia de conducir. Poco a poco la vida se nos fue haciendo bien grata, vivíamos en un apartamento modesto pero confortable, y compramos un jeep -- él era del campo y ésa era su ilusión.

En julio del 2006 nos citaron en Inmigración para entrevista matrimonial. Para nuestra decepción mi tarjeta de residencia no había llegado, parece que estaba entrabada en California y no se podía adelantar más, la nueva entrevista fue distinta y desagradable, y esta vez el resultado fue pésimo. Como estábamos seguros de que nuestro matrimonio era de verdad, la abogada no nos quiso acompañar, de manera que decidimos ahorramos el gasto de buscar un nuevo abogado y fuimos solos, seguros de que no teníamos problema alguno. Esta vez, seguramente por la larga espera, mi esposo cayó en una crisis de nervios y cuando él salió de allí (nos hicieron entrevistas separadas) yo lo vi muy mal. Yo por mi parte entré sin temor alguno, sabiendo que no tenía nada que ocultar.

La entrevista que me hicieron mía fue bien breve y al final el oficial dijo que mi matrimonio había sido por interés. Mi esposo y yo salimos de allá preocupados y desconcertados. En diciembre del 2008, ¡tremendo aguinaldo!, nos llegó la respuesta de que ni yo ni él teníamos derechos porque nuestro matrimonio era un fraude. Ahí sí corrimos a buscar otro abogado y él solicitó una reapertura del caso.

A causa de todo esto, mi esposo ya se encontraba enfermo y disgustado y me dijo que nos fuéramos para su país. Yo decidí quedarme porque tengo hijos que viven aquí y a mi edad no quería tomar decisiones descabelladas. El se regresó a su país a comienzos del 2009 sin esperar más resultados de Inmigración, mi vida se descompuso y se desplomó y al final de casi un año más llegó respuesta final negativa.

Ahora no tengo permiso de trabajo Mi tarjeta de residencia nunca me llegó. Soy una persona correcta y vivo de lo poco que surge para hacer. ¿Qué puedo hacer para volver a la normalidad? Por favor, deme un consejo seguro y haré lo que usted me recomiende. Que Dios lo inspire y lo bendiga,

(Anónima a solicitud)

Miami Shores, Florida

Dice un sabio --aunque macabro-- refrán: “¡Mal comienza la semana para quien ahorcan un lunes!” Usted empezó muy mal. Cayó en manos de una “abogada” p ésima, quien no era abogada sino una “tramitadora” (los tramitadores no tienen entrada a Inmigración con clientes, precisamente porque no son abogados).

Como para Inmigración su caso ya está “terminado” (para ellos el 40 por ciento de los matrimonios son falsos...), su caso está durmiendo en alguna gaveta esperando que usted se desespere y cometa el mismo error del marido: irse del país por cansancio.

Su caso presenta d os dificultades. La primera, y más importante, que a usted le llegue su tarjeta de residencia. Esa es la más factible y cercana de las dos. Ya ganada esa primera batalla, la petición por su esposo se puede actualizar ó repetir. Lo que se muestra como imposible de resolver es que su cónyuge llegue rápidamente de regreso a EEUU – por el momento, pesan sobre él 10 años de castigo por haberse ido del país estando bajo un proceso de inmigración.

La tarea es para el mejor abogado ó abogada que usted pueda contratar... y pagar. Lo suyo es como una operación de corazón abierto y no se resuelve con “tramitadores” ó abogados de servicios legales gratuitos. Entretanto, si usted normaliza su situación inmigratoria, podrá viajar por temporadas a compartir el lecho conyugal mientras a él le llega la hora de regresar a EEUU...

MANFRED ROSENOW es un

abogado y periodista de Miami

especializado en temas de inmigración.

Escríbale a El Nuevo Herald,

1 Herald Plaza, Miami, FL 33132

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