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Repetir los alimentos tiene efectos positivos

 

Chicago Tribune

Cuando los niños son melindrosos para comer, todo el mundo ofrece consejos: ¡cocina con ellos!

Jessica Seinfeld, esposa del comediante Jerry, recomienda hacer puré usando calabacines o coliflor y disfrazándolo dentro de unos macarrones con queso. Nancy Tringali Piho, autora del libro My Two-Year-Old Eats Octopus: Raising Children Who Love to Eat Everything (Mi hijo de dos años come pulpo: criando niños que les gusta comer de todo), piensa que sería fantástico si pudiera enseñar a comer a su bebé, preferiblemente antes de que empiece a caminar, una gran variedad de alimentos de diferentes lugares del mundo. Se puede gastar una cantidad considerable de dinero y perder el día entero siguiendo las recomendaciones más populares y, aun así, ver a su pequeño escupir en el plato un alimento aparentemente inofensivo (pedazos de pollo hechos en la casa con pepinillos en rebanadas). Esto si tiene la suerte de lograr que el pequeño la pruebe.

Entonces, ¿qué pueden hacer los padres? Como muchos padres de niños melindrosos, mi preocupación básica es aumentar el consumo de vegetales. De ahí que he decidido continuar intentando nuevas técnicas para promover el consumo de vegetales.

“La inmensa mayoría de las investigaciones científicas han sido expuestas repetidas veces”, dice Terence M. Dovey, conferenciante en el Centro de Investigación de Trastornos Alimentarios en la Universidad Loughborough.

“Usted muestra (la comida) una vez. La vuelve a mostrar. La vuelve a mostrar. La vuelve a mostrar. Y en ningún momento obliga al niño a comerla. Eventualmente, la gran mayoría de los niños aceptará la comida”.

Hay muchas cosas que los investigadores no conocen sobre los niños melindrosos, comenzando con lo básico: cuántos son. Las estadísticas varían mucho, desde el 8 al 50 por ciento de los niños, según los investigadores definan el término. Algunos dejan que los padres definan “meticulosidad”, otros se fijan en cuántos tipos de comida ingieren los niños, y otros observan al niño promedio, entre las edades de 2 a 6 años. “La investigación está algo limitada por eso”, dice Lucy Cooke, investigadora principal en el Centro de Investigación de Comportamiento de Salud en University College London.

“La definición del comer melindroso es una muy floja, es difícil saber qué quieren decir las personas”. Dovey dice que, aun en el caso de un buen estudio de exposición repetida, la evidencia de efectividad es “bastante buena” en comparación con “muy buena”. Las dificultades están en que los estudios se centran en alimentos individuales tales como frijoles, pero no en combinaciones populares como el chili. Además muchos estudios se llevan a cabo en escuelas, donde los científicos sospechan que los niños tienden a ser más flexibles y obedientes de lo que son en el hogar.

Sin embargo, se sigue acumulando la evidencia de exposición repetida; la evaluación de estudios científicos realizados por Cooke en la revista Journal of Human Nutrition and Dietetics, encontró que la exposición repetida puede aumentar el gusto y el consumo. En los últimos 10 años, los científicos han comenzado a aventurarse en el hogar -con algunos experimentos bien estructurados y resultados prometedores, aunque ocasionalmente contradictorios. En un estudio publicado en la revista Appetite en 2003, un equipo de investigadores británicos dividió en tres grupos a 143 niños entre las edades de 2 a 6 años. En uno de los grupos, los padres recibieron información sobre nutrición, los padres en el segundo y grupo control, no recibieron asistencia adicional, y a los padres en el tercer grupo se les solicitó que dieran a los niños cada día, por 14 días, algún vegetal que no les gustara mucho.

Los niños en el grupo de los “14 sabores” mostraron un mayor aumento en el consumo y “gusto” del vegetal que despreciaban sobre los otros niños, y el grupo de “degustación” fue el único que mostró un aumento significativo en las tres medidas utilizadas: gusto, consumo y valoración del vegetal en relación a otros vegetales.

Los padres se quejaron sobre la cantidad de pruebas requeridas, pero siete de los 10 padres que tuvieron entrevistas de seguimiento en el grupo de “14 sabores”, sintieron que el experimento tuvo un efecto duradero en la opinión del niño sobre el vegetal que probaron. “Es su favorito, y antes no lo tocaba”, dijo uno de los padres.

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