Sur de la Florida

Papeles, respuestas, y... mirar a los ojos, son la clave

 

Especial para El Nuevo Herald

Nací en Lima, Perú, soy ciudadano peruano, y también me acabo de naturalizar ciudadano americano. Le escribo para que me oriente en mi deseo de invitar a visitar y conocer este país a una amiga, también peruana, con cuya familia tenemos la mía y yo excelentes relaciones de amistad y respeto.

Tengo entendido que para que el consulado americano en Lima le dé visa de turismo con ese propósito, debo proveerle una carta de invitación. Ninguna de las personas a quien he consultado al respecto me ha sabido dar detalles que me inspiren confianza en el éxito de esa gestión. Por lo tanto me dirijo a usted de quien sé que es un experto, para que me proporcione detalles concretos al efecto, ya que yo quedaría muy mal con todos si omito algo que sea indispensable, ó digo algo que eche a perder la solicitud. Para resumir, pregunto:

¿Las cartas de invitación extendidas por un ciudadano americano tienen fuerza para asegurar que el consulado expida la visa? ¿Se necesita llenar algún formato ó planilla especial?

¿Qué garantías debe yo aportar? ¿El solicitante debe llevar la carta y presentarla motu propio (sé que a usted le gustan los latinajos, a mí también) ó esta se aporta si la piden al momento de pedir y los demás documentos pertinentes?

Muy agradecidos por su ayuda en el éxito de esta gestión.

Alberto Paniagua, Miami

¡Primero es primero! Usted, ciudadano reciente de EEUU, todavía sigue pegado a un pasado fijo y rígido en su mente: usted continúa calificándose de entrada de “ciudadano peruano” y su nueva nacionalidad la tiene de apéndice a su fijación sicológica. ¡Error! Es cierto que 2 + 4 = 6 matemáticamente es lo mismo que 4 + 2 = 6, pero si usted no ha adquirido la ciudadanía de EEUU con todo su significado, fuerza y prioridad, la tendrá probada en su (nuevo) pasaporte, pero no en su alma... En resumen, not a countryman after my heart (no es mi paisano de corazón). “Bobadas mías”, pensará usted. “Lo mismo da Chana que Sebastiana” ó “Igual son ocho que ochenta, si los ocho son de a 10”. Cierto, pero lamentable... si usted aplica esa misma conclusión al juramento de bandera que acaba de proferir...

Ahora sí, a lo preguntado. La influencia de una carta de invitación para una visa de turismo varía de caso a caso (y hasta de un funcionario consular a otro). Si su amiga tiene raíces fuertes en su país de nacimiento y residencia, y si desarrolla allá una actividad productiva (por ejemplo, un buen empleo), las cosas se facilitan para que le den la visa. Si, en cambio, ella es una rueda suelta que no hace falta allá para nada, los funcionarios consulares son muy perspicaces al respecto y en su interior se dicen: “Si esta llega a EEUU, de allá no se regresa”, ¡y adiós visa! (En general, los consulados de EEUU en la América Latina (excepto, Brasil), de 200 solicitudes de visa de turismo por día aprueban una docena y niegan todas las demás...)

Si el solicitante es pudiente ($$$), sus probabilidades de éxito en lo de visas de visitante son mayores. Si, por el contrario, la persona es humilde, la prevención consular contra ella se acrecienta. (Feo eso, pero aquí le estoy hablando de realidades, no de filosofías ó moralidades.) Lo que más la ayuda son raíces, claridad y veracidad. También hay personas con muchísimo dinero, pero que el cónsul los enfrenta con especial desconfianza por el flagelo de los tiempos – el narcotráfico. Hay países en que los cónsules se extreman en su cuidado de no ayudar a quienes se les sabe ó se les sospecha conexión con drogas. Por supuesto que todo esto nada tiene que ver con su novia... perdón, su amiga.

Papeles completos, respuestas claras, y... mirar siempre a los ojos, son buenos ingredientes para una exitosa solicitud de visa. Por el contrario, mentiras, nervios, y antecedentes ó conexiones indeseables son presagios de fracaso de la misma.

No hay nada más que usted pueda hacer desde acá. La cartita de invitación “ni quita ni pone rey”, pero búsqueme y con mucho gusto le ayudaré a redactarla. Por hoy, guardemos los latinajos para otro día y .... ¡les deseo a ambos lo mejor!

MANFRED ROSENOW es un

abogado y periodista de Miami

especializado en temas de inmigración.

Escríbale a El Nuevo Herald,

1 Herald Plaza, Miami, FL 33132

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