Mauricio Zequeda (Bogotá, Colombia, 1972), quien fuera en el 2007 el primer ganador del premio Fernando Botero, exhibe cinco obras recientes en Elite Fine Art Galleries, como parte de la exhibición Tendencias.
Los cuadros de Zequeda retornan a la pintura que refleja el acto de pintar, continuando el gesto fundacional de la modernidad que realizó Velázquez en Las Meninas pintándose a sí mismo ejecutando el cuadro, y creando un extraordinario juego entre la composición y la percepción del espectador.
“Velázquez es una de mis influencias más fuertes”, admite Zequeda, quien impresionó a los jurados con la impecable técnica de una obra que conjuga en cada pieza carboncillo y acrílico, dibujo y pintura. Como el renacentista que se anticipó a la modernidad recurriendo al principio del espejo que no sólo duplica la realidad sino que hace dudar cuál es la imagen y cuál el objeto, Zequeda hace una obra con una inteligencia visual notable. Pero, a diferencia del autorretrato figurativo de Velázquez usa elementos como la silla o el morral del artista para sugerir su propia presencia.
De la silla, que ha funcionado a partir de la modernidad casi como un alter ego del artista, dice Zequeda: “Como elemento, la silla es una representación del cuerpo humano, contiene el espacio negativo de nuestra espalda, de nuestros brazos, y ya en términos plásticos sugiere una presencia menos evidente que el retrato”.
Aunque su obra se sostiene en una singular destreza técnica, es también meta-arte, pintura que reflexiona sobre el mismo proceso creador, incluyendo tanto la relación entre el artista y la pintura, como su mirada sobre la historia del arte de la cual se apropia para dar existencia a la misma obra.
Todos los cuadros exhibidos contienen cuadros dentro del cuadro que a su vez tiene otra pintura y remiten a un infinitum que extiende el confín del arte. En Espejo, la mano pintada parece sostener un cuadro, pero el título revela al espectador que lo que ve es sólo su reflejo. En Ve despacio, no sólo hay una sucesión de otras pinturas dentro de la pintura –incluyendo una descartada que ahora es sólo un papel arrugado en el piso– sino niveles de pintura en los que aparecen diversos movimientos de la historia del arte. Sobre los cartones que su admirado Rauschenberg incorporó al arte, hay zonas que evocan abstracciones geométricas, espacios llenos con trazos expresionistas abstractos, y líneas blancas que pudieran recordarnos la soltura de Keith Haring, pero que en realidad citan una técnica ingenua que imita el grabado (con yeso y betún) y de la que Zequeda se apropió para iluminar con trazos de luz la obra.
También se observa otro elemento clave y reiterativo en su obra: la rueda de bicicleta. Esta rinde homenaje al objeto encontrado duchampiano, que para Zequeda incluye –en el mismo plano- la historia del arte con “las cosas que nos encontramos todos los días”, puesto que “con cualquier objeto se puede hacer arte”. Pero también es –como el morral o la bolsa del artista– un “elemento de recorrido”.
En obras como Las joyas de la corona o Mirada aparecen niños retratados de espalda. El primero de estos cuadros surgió en su propia búsqueda de romper cierta monocromía previa y hallar una nueva génesis del color. El niño de pie sostiene, en una mano un poco más grande de lo habitual, un inmenso lápiz: al observarlo el espectador comprende que esa explosión de colores vivos y abstractos que llenan el cuadro ha surgido de ese objeto. “La mano está pintada en el acto de estar construyendo lo mismo que ves en el cuadro”.
No es gratuito que Zequeda retrate a los niños como alter egos del artista. De ellos reaprende el gozo puro de crear que se olvida fácilmente. Su hijo Daniel, de cinco años, le imparte lecciones cuando pinta a su lado obras luminosas que contienen un secreto en el que el padre quisiera penetrar. De hecho, la indagación de esta meditación sobre la pintura es inagotable gracias a lo impenetrable que siempre hay en el proceso de la creación.Y sobre todo en los espacios velados de sus propias telas, donde el espectador tiene la sensación de que “detrás de ese velo está el resto del trabajo”. Y en realidad, está, existe como fuente potencial de la que saldrán las obras futuras de Mauricio Zequeda, maestro en el principio de los espejos.•
Adriana Herrera es curadora y crítica de arte. Colabora con galerías y museos, y asesora publicaciones especializadas.
‘Tendencias’ de Mauricio Zequeda, Elite Fine Arts Gallery, 46 NW 36 St. 1-754-422-5942. Hasta el 31 de agosto.



























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