El más reciente libro del historiador y periodista Álvaro Alba, En la pupila del Kremlin (Asopazco, 2011), trata sobre el asesinato del dirigente bolchevique Lev D. Trotski y de la relación de su asesino, Ramón Mercader, con el espionaje soviético. En realidad, este ensayo testimonial (así lo llama el propio Alba) es mucho más que un análisis de los acontecimientos que condujeron al asesinato del fundador del Ejército Rojo el 21 de agosto de 1940, en México. Y es que entre su Introducción a la historia soviética, con la que comienza el libro, y el capítulo 9, titulado Sumario de los hechos, está el testimonio de Karmen Vega, una hispanosoviética que conoció a Ramón Mercader en Moscú, después de haber salido éste de la cárcel (cumplió 20 años en Lecumberri) y radicarse en la capital soviética. Es por eso que el libro admite dos lecturas: la de los hechos históricos, que corren por cuenta de Álvaro Alba y están narrados con meticulosidad académica; y la correspondiente a la saga de los Vega, una familia española (andaluza por más señas) exiliada en la Unión Soviética después de la derrota de la República, que nos llega en la voz de Karmen y está contada con la profundidad emocional de los desterrados. Y es precisamente esa dualidad genérica entre el ensayo (con toda la frialdad de sus análisis) y la memoria autobiográfica (con su carga de nostalgias), la que le otorga al texto una bienvenida diversidad.
La introducción prepara al lector para una mejor comprensión del libro y comienza con la agudización de la lucha por el poder entre Stalin y Trotski después de la muerte de Lenin, cuando Stalin “fue separando a Trotski de los cargos gubernamentales y políticos para enviarlo primero al exilio interno, después el destierro y al final ordenar su asesinato”. También abunda en cómo se trató de borrar la participación de Trotski presentándolo en la historiografía oficial como un oportunista y un traidor a la patria y al marxismo. Así mismo, se analiza el trotskismo como pensamiento político (Álvaro Alba lo califica como “una extraña variante del marxismo-leninismo”) y se le compara con el estalinismo.
Pero son los capítulos correspondientes a la historia de Karmen Vega y su familia, por su detallado recuento histórico y por su hondo contenido humano, los que sustentan el libro. Y es que esta mujer, nacida en la URSS en 1949, en una granja colectiva de la península de Crimea, fue testigo de importantes eventos en la historia de los exiliados españoles en la Unión Soviética y, en particular, en la de Ramón Mercader, el asesino de Trotski. El relato, al margen de cualquier consideración ideológica, no deja de ser conmovedor. Karmen relata cómo sus padres sufrieron por la muerte de dos de sus hijos: Lenin, el mayor, de ocho años de edad y nacido en España, que enfermó de meningitis y falleció por falta de asistencia médica; y María del Carmen, nacida en la URSS y que murió a causa de unas quemaduras que no fueron atendidas adecuadamente. Luego narra los esfuerzos de la familia por preservar su idioma (en la casa solo se hablaba español), y cómo, para conservar las costumbres andaluzas, las hijas aprendieron a bailar flamenco y se vestían de sevillanas en los eventos culturales de la escuela.




























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