No hay fechas. No hay signos de dólar. No hay cifras.
El plan de dos páginas de Mitt Romney para reparar el Medicare es un ejercicio de vaguedad.
Y eso podría ser un arma de campaña muy efectiva en esta temporada de elecciones. O podría ser su perdición.
Los detalles pueden ser algo que debe evitarse en una campaña. Las elecciones dependen más de las emociones que de los hechos. Son acerca de cómo las personas se imaginan que un político va a mejorar sus vidas, no sobre las cifras propuestas por los políticos.
Y la adición de Paul Ryan a la formula presidencial de Romney no ha cambiado eso para nada.
Un representante de Wisconsin a quien le gustan las cifras, Ryan tiene una reputación por los detalles concretos. Pero ahora es el Número 2 en una fórmula en que la atención a los detalles no se extiende a los detalles.
La naturaleza de llevar a cabo una campaña presidencial es que estás comunicando una dirección al pueblo estadounidense dijo un asesor anónimo de Romney. Las campañas que son acerca de detalles concretos, particularmente en el ambiente de hoy en día, se quedan atascadas.
Un caso ilustrativo: el presidente Obama.
Obama prometió reducir el déficit a la mitad en su primer término. En su lugar, creció. Obama dijo que su plan de estímulo mantendría el desempleo por debajo del 8 por ciento. Eso no ha ocurrido todavía. Agregó que aprobaría la Ley DREAM a favor de los inmigrantes en su primer mandato. Eso tampoco ha pasado.
Y en febrero del 2008, Kathleen Sebelius, asesora de la campaña de Obama, señaló específicamente a la reforma del cuidado de salud de Romney cuando éste era gobernador de Massachusetts y dijo que Obama creía que el mandato individual no funcionaba.
Para el 2010, el mandato que requiere que las personas compren un seguro de salud era la parte primordial del Obamacare cuando se aprobó. E, irónicamente, Romney ataca ese mismo plan que se basó en el suyo.
¿Qué sucedió? La realidad.
Obama ha tenido que tratar con una economía peor de lo esperado y el Congreso. En el momento en que una propuesta de campaña pasa por la moledora de carne del Congreso, usualmente no se parece al filete mignon que se prometió en la campaña.
Prometió elementos específicos. Y ahora paga un precio.
No culparemos a otras personas. Asumiremos la responsabilidad, dijo el sábado Ryan durante un viaje a la comunidad de retiro The Villages. No vamos a esconder los temas difíciles. No vamos a patear la lata fuera del camino. Guiaremos a las personas.
Hasta ahora, Ryan y Romney han hecho justamente eso.
Cuando se enfrentó a Ryan esta semana con el hecho de que estaba a favor de los gastos de estímulo que puso anteriormente por los suelos como un tipo de socialismo edulcorado, lo negó. Posteriormente admitió que después de todo, estaba a favor de la idea.
Tanto Romney como Ryan han propuesto planes de presupuesto que cortarían grandemente los impuestos y el gasto. Pero Romney quiere darle marcha atrás a los $700,000 millones en reducciones de Obamacare a futuros gastos de Medicare y quiere mayores gastos militares. Así que ha abogado con retirar los incentivos de impuestos para balancear el presupuesto.



























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