Mark, de 10 años de edad y que este año cursará el quinto grado en el Centro Winston Park k-8, tiene una mochila con ruedas ya lista para el nuevo año escolar.
Estoy comprando con anticipación todos los materiales que necesito para el quinto grado y así estar preparado, dice Mark después de acudir a la terapia semanal con el psicólogo del Miami Childrens Hospital en Coral Gables.
Mark padece de fibromialgia, una condición que provoca dolor en los músculos y coyunturas y que lo obliga a quedarse en la casa cuando el dolor es muy fuerte. El talentoso estudiante, que quiere ser anestesiólogo, detesta faltar a clases y se estresa cuando eso sucede.
La Dra. Sara Rivera-Conil, psicóloga licenciada del Miami Childrens Hospital, atiende a Mark cada semana para enseñarle técnicas de relajación para calmar los nervios y ayudarle a tener éxito en la escuela.
Ella me ha enseñado que no tengo que ser perfecto y puedo seguir siendo exitoso, dice Mark, que tomó el Examen de Evaluación Comprensiva de la Florida (FCAT, por sus siglas en inglés) en el cuarto grado mientras estaba fuertemente medicado y aún así obtuvo resultados excepcionales.
Su madre, Mercy Coiras, maestra en la escuela de su hijo, dice que Mark es un perfeccionista y que eso es parte del problema.
Conil dice que no es rara la ansiedad en los niños de edad escolar al comienzo de un nuevo semestre y que aún niños que no padecen ninguna enfermedad pueden sufrir de estrés antes del período escolar. Rivera-Conil comenta que antes de considerar ayuda profesional hay muchas cosas que los padres pueden hacer para aliviar la ansiedad y asegurar una transición fácil del verano al ocupado semestre otoñal.
Es normal algún nivel de ansiedad, así que lo primero que un padre debe hacer es normalizar ese sentimiento, dice Rivera-Conil.
Dice que una buena manera de hacerlo es que los padres compartan algunas de sus historias de la vuelta a clases y entusiasmarlos para el nuevo grado.
El Dr. Daniel Bober, director médico de psiquiatría pediátrica en el Hospital de Niños Joe DiMaggio, dice que otra cosa que un padre puede hacer para disminuir el estrés es mantener también la calma.
Los padres deben preguntarse si ellos están ansiosos, dice Bober. Un padre ansioso resulta en un niño ansioso.
Dice también que hay muchos síntomas a los que los padres pueden estar atentos para saber si su hijo se siente abrumado. Los síntomas difieren en niños más jóvenes y de mayor edad.
Si el niño es mayor, puede comenzar a mentir, buscar excusas para faltar a clases, volverse agresivo o distanciarse de los padres. Los niños más jóvenes no pueden expresar las emociones del mismo modo así que se quejan de molestias físicas tales como náuseas, dolores de cabeza, dolores de estómago o vómitos.
Bober dice que uno de los principales temores en los más pequeños es la ansiedad por la separación, mientras que en los mayores puede ser por un nuevo currículo, los exámenes o compañeros agresivos.
La Dra. Susan Chalfin, directora de adiestramiento en la unidad de psiquiatría para niños y adolescentes hospitalizados en el Hospital de Salud Mental Jackson, dice que la comunicación y la preparación son lo más importante cuando un niño sufre de estrés.






























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