Todos los domingos me siento frente al televisor para ver por Globovisión el programa de Teodoro Petkoff, en mi criterio el más agudo de los políticos venezolanos.
Su biografía es controversial. Y Teodoro, porque todo lo que dice lo respalda con hechos como puños, molesta, es un conflicto viviente.
Nació en Sofía, Bulgaria, y llegó a Venezuela con sus padres siendo un niño a mediados de los años 20. Graduado en Economía ( cum laude) en la Universidad Central de Venezuela, fue un destacado guerrillero en la zona de Falcón en los 60, años del izquierdismo idílico. Fue uno de los fundadores del Movimiento al Socialismo (MAS) de tendencia social demócrata. Y fue miembro del grupo de “los chiriperos” (pequeños partidos), que en las elecciones de 2008 llevaron al poder al demócrata cristiano Rafael Caldera. En ese gobierno, Caldera, siempre original e inescrutable, nombró a Petkoff ministro de Economía, y este impulsó el programa Agenda Venezuela, con resultados sorprendentes.
Por sus inicios en la política Petkoff es alguien de quien se habla en voz baja y mirando hacia todas partes, ya que es sumamente odiado tanto por la ultraderecha pronorteamericana como por la izquierda castrista, que lo considera un apóstata.
Es un látigo de Hugo Chávez. Y le saca las cartas marcadas cada vez que puede, con precisión y claridad, tanto en televisión como desde su periódico Tal Cual. Prestándole atención, uno accede a esas anécdotas propias de la intrahistoria del país y que dejan desnudo al emperador de Barinas y, que como solo interesan a los venezolanos, no traspasan fronteras. Lo confieso, escuchando a Teodoro me siento como un maracucho o un caraqueño que mama raíz, tronco y ramas de la realidad venezolana.
El pasado domingo Petkoff trajo a cuento dos episodios que calibran la total falta de escrúpulos y la farsa chavista.
El dijo que el jueves 16 de agosto colapsó el puente de Cúpira, cortando en dos la Vía Oriental a pesar de las advertencias del Consejo de Ingenieros de Venezuela, que había alertado de su deterioro al igual que el del 80 o 90% de los puentes del país. El vicepresidente Elías Jauja, más fresco que una lechuga, se personó en Cúpira y acusó al gobierno del Estado de Miranda de negligencia.
Días antes, en el aeropuerto de Valencia, un avión más misterioso que el secreto de las Pirámides aterrizó allí, llenó sus tanques de gasolina y sin plan de vuelo surcó los aires hacia Islas Canarias, donde fue descubierto con más de una tonelada de cocaína. El ministro del Interior, Tarek El Aissami, repitió la misma historia del puente, acusó a la administración del Estado de Carabobo de permitir una operación de narcotráfico en sus entrañas.
¿La realidad a calzón quitado? Desde hacía meses el gobierno central le había arrebatado en un acto compulsivo de concentración de poder la administración a todos los estados, a todos, de carreteras, puertos y aeropuertos. Todo el poder para los soviets. Incluso el aeropuerto de Valencia está controlado por una Guardia Nacional sorda, ciega y muda. ¿Responsable del derrumbe de un puente y de una operación de narcotráfico? El chavismo.
En Venezuela con su riqueza natural no ha crecido la población. No hay agricultura ni industrialización y de 1999 a la fecha han desaparecido 140,000 pequeñas, medianas y grandes empresas. El capital abandona Venezuela a paso de conga, apuradito. La violencia en las calles es desquiciante.
Mientras, la oposición venezolana a días de las elecciones del 7 de octubre discute agriamente sobre la transparencia de los comicios entre dos pesos pesados del antichavismo, Teodoro y Rafael Poleo (sospecho que a este último sus contactos militares le han susurrado al oído que la solución al problema de Venezuela es un golpe de Estado).
Ha dicho Poleo “el comandante de la OSA (oposición sumisa) es Teodoro Petkoff”. Y éste le ha replicado: “Rafael es un irresponsable, un cazador de güiros (un oportunista), si uno no lo conociera diría que Chávez le está pagando”.
Lo patético de todo esto es que los venezolanos están copiando a Cuba, tanto los corderos como los lobos. Mientras que Hugo Chávez navega en una balsa hecha con ramas de marabú, sin agua, comida ni velas hacia el mar de la felicidad castrista, la oposición debate entre votar o no votar, algo insustancial, porque el coronel, pierda o gane, no entrega. Algo risible como un exilio de Miami, que trata de encontrar la piedra filosofal girando en sus soluciones entre un embargo inexistente o un diálogo absurdo e imposible con Raúl Castro.
Y así están las cosas en esta controvertida Latinoamérica nuestra, que mientras más la quiero, más la sufro.


























Mi Yahoo