Opinión

ALEJANDRO RIOS: Amor crónico

 

Hay un momento en el inclasificable filme Amor crónico, donde la cantante cubanoamericana Cucu Diamantes relata, mirando a La Habana, que sus enemigos le dicen la “Loca Roja”, porque vive en Nueva York y le ha dado por cantar en Cuba, algo que hace desde el controversial Concierto por la Paz, promovido por Juanes en la Plaza de la Revolución.

Durante la misma secuencia subraya, en tono de chanza, que esos presuntos adversarios, a los cuales no identifica, tienen la sospecha de que ha sido “captada” como una Mata Hari caribeña, supuestamente por la policía política de la isla, porque tampoco se aclara quién la recluta.

Amor crónico es un road movie dirigido por el actor Jorge Perugorría, siguiendo los pasos de una gira de la intérprete desde varias ciudades del oriente cubano hasta la propia Habana.

Ahora que se dirime el hecho, sin ninguna fuente que lo corrobore, que ciertos cantantes cubanos, borrados del mapa de la cultura nacional por su abierta oposición al régimen que detenta el poder en la isla, pudieran recibir una suerte de dispensa oficial para que regresen, discretamente, a la radio de donde fueron proscritos durante décadas, Amor crónico patentiza muchos de los requerimientos necesarios para que algo así pueda ocurrir.

Por ejemplo, en el filme la escritora Wendy Guerra hace como de periodista y entrevista a Diamantes caminando por Cienfuegos. Le dice que lo importante de su presencia en la isla es que marca un punto de giro entre las relaciones de Cuba y Estados Unidos porque era la primera cubanoamericana que hacía un tour por la patria y le pregunta que cuáles eran sus razones para tal empeño y la cantante le responde: “Todo lo que hago es orgánico, lo hago por amor”.

Así va avanzando, a dura penas, esta suerte de falso documental que quiere ser desenfadado y humorístico aunque termina siendo anárquico y desordenado como si las incidencias filmadas ocurrieran improvisadas y sobre la marcha.

Inverosímiles resultan los recibimientos de ficción que se le dispensan a Cucu Diamantes en cada provincia en plan de vedette venerada por el público cubano. En medio de los extras convocados para cada ocasión se notan rostros contrariados como cuando en uno de los tantos escenarios de su gira le endilgan una fila de reclutas, como cuerpo de baile, que no saben si reír o llorar ante tan embarazosa situación.

De cómo una cantante, sin notables valores artísticos, ha logrado un tributo fílmico de una hora y veintitantos minutos, antes que otras intérpretes nacionales de reconocido prestigio, pudiera atribuirse al hecho de que el productor es el esposo de Diamantes, fundador y director del grupo Yerbabuena. Otra explicación tendría que ver con la adulonería que suele alentar cualquier artista que venga de “afuera”, debido a los beneficios materiales que de tal circunstancia se derivan.

No es muy reconfortante ver a figuras como el propio Perugorría, Laura de la Uz, Mirtha Ibarra, Luis Alberto García, Albertico Pujols, el bailarín Carlos Acosta, Kelvis Ochoa, Arturo Sotto, Adela Legrá, Juan Carlos Tabío y Los Muñequitos de Matanzas, entre otras talentosas personalidades de la cultura criolla, pasando apuros en supuestos homenajes a la historia del cine cubano que muy poco tienen que ver con la presencia de Cucu Diamantes en la isla.

Resulta contraproducente que la cantante se apropie, sin siquiera insinuar la fuente, de un concepto de la poeta Lourdes Casal cuando afirma, no muy convencida por cierto, que es muy neoyorquina para vivir en La Habana y muy cubana para sentirse cómoda en Nueva York.

En la secuencia final de esta primera película producto del llamado intercambio cultural, el propio Perugorría afirma, en tono de burla, que este empeño no es “industria” sino arte, y trae a colación la anacrónica teoría de “cine imperfecto” de los años sesenta que, ciertamente, pudiera explicar los tropiezos de tanto equívoco cinematográfico y musical sin ton ni son.

Más de Opinión

  •  

Miembros de sindicatos protestan contra los empleadores y las medidas del gobierno en una manifestación en Pamplona, el lunes pasado, en la que pidieron una huelga general para el 30 de mayo.

    DORA FERNANDEZ: España en un momento surrealista

    España vive un momento surrealista: 6 millones de parados, gente mayor viviendo en casa de los padres como si se tratara de párvulos, mendicantes por doquier, familias contando los euros para completar la cuota de la hipoteca, jóvenes buscando curro (como denominan al trabajo) y cada vez más personas saltan la barrera del metro para evadir el pago. Miles de profesionales han emigrado y esa es la radiografía de una crisis, que ha traído los ajustes y recortes; en contradicción se han elevado los impuestos, ahora cobran la entrada y salida al aeropuerto.

  •  

Sir Paul McCartney, uno de los integrantes del legendario conjunto The Beatles, realiza una gira internacional que lo llevó recientemente a Orlando.

    ALEJANDRO RIOS: Cinco veces Paul

    Estoy en el tumulto de gente contenta y cordial tratando de comprar el t-shirt emblemático de la nueva gira internacional de Paul McCartney, “Out There”, y escucho cuando un veterano de estas lides, a mi lado, le dice a otro: “Este es mi quinto concierto”.

  • DANIEL MORCATE: Sacudir la mata

    Como tiburones que han olido sangre en abundancia, los republicanos se han lanzado a la yugular del presidente Obama y su gobierno inmersos en una seguidilla de controversias. Es la consabida mezcla de legítima reacción y oportunismo político con que nuestros partidos actúan cuando se hallan en la oposición, luchando con denuedo por apoderarse del cuchillo y volver a cortar el bacalao. En esta ocasión, sin embargo, Obama y sus allegados tienen buena parte de la culpa. Y aunque se imaginen que pueden sobrevivir sin mayores consecuencias al actual ciclo de malas nuevas, lo prudente, aconsejable y justo sería que ofrecieran unas cuantas cabezas en bandeja y enmendaran su conducta.

El Nuevo Herald

Súmese a la
discusión

el Nuevo Herald tiene el gusto de ofrecerle la oportunidad de compartir información, experiencias y observaciones sobre las noticias que cubrimos. Los comentarios que haga pueden ser publicados tanto en nuestro sitio en línea como en el periódico. Lo invitamos a que participe en un debate abierto sobre los asuntos del día y le pedimos que evite el uso de palabras obscenas, frases de odio, comentarios personales y se alamientos que puedan resultar ofensivos. Gracias por ofrecernos sus opiniones.

el Nuevo Herald utiliza una aplicación de Facebook para su sistema de comentarios. Usted debe ingresar con su cuenta de Facebook para hacer comentarios en nuestro sitio. Si tiene preguntas acerca de cómo hacer comentarios usando su cuenta de Facebook, haga click aqui.

¿Tiene información noticiosa que compartir con nosotros? Haga click aqui para enviarnos su información o inscríbase para participar en la red de Public Insight Network, que le permite convertirse en una fuente de información para el Nuevo Herald y The Miami Herald.

Esconder Comentarios

Esto afectará los comentarios en todas las historias.

Canceler OK
  • Videos