Cerca de 20 años después del huracán Andrew, una tormenta de categoría 5 volvió a destrozar techos en el condado de Miami-Dade.
Afortunadamente, sólo había dos techos y el viento se limitó a un gran hangar de acero que forma parte del Centro de Investigación de Huracanes de la Universidad Internacional de la Florida, que el martes dio a conocer el simulador de huracanes más poderoso del país: una instalación de $8 millones que se erige como un legado de Andrew.
Apodada La Muralla de Viento por su imponente montaje de dos pisos con una docena de ventiladores eléctricos, cada uno de seis pies de diámetro, la instalación fue creada para poner a prueba y mejorar los diseños y materiales de construcción que fallaron bajo el feroz asalto Andrew: de todo, desde los clavos y las tejas hasta las unidades de aire acondicionado para los techos.
Lo fundamental es que la investigación que estamos haciendo aquí no sólo salvará vidas, sino que también reducirá las pérdidas de bienes, y por lo tanto las primas [de los seguros], declaró Shahid Hamid, director del laboratorio de investigación de seguros e investigación económica y financiera del centro.
Para mostrar el poder del simulador, un equipo de FIU construyó dos maquetas de estructuras, cada una del tamaño de una caseta de jardín, pintadas con los colores emblemáticos de la escuela, azul y oro. En una se utilizaron los códigos de construcción de antes de Andrew. La otra se armó según con normas más estrictas promulgadas después de Andrew, que exigen clavos más fuertes, láminas de madera contrachapada más gruesas, un alquitranado más pesado, tejas más gruesas y otros requerimientos.
Los resultados fueron un poco sorprendentes, mientras las cámaras de video captaban la espiral de los daños, Walter Conklin, el director del proyecto de la Muralla de Viento, aumentaba la velocidad de los enormes ventiladores. El sistema de 8,400 caballos de fuerza aulló como un motor a reacción al despegar, hasta llegar a 160 millas por hora, bombeando tanto aire al llegar a su capacidad máxima según los cálculos del Colegio de Ingenieros de FIU como 7,650 sopladores de hojas.
Como se esperaba, primero salieron volando las tejas. Sin embargo, las que fueron diseñadas antes de Andrew para resistir vientos de 60 millas por hora, resistieron casi tan bien como productos más pesados, creados para resistir vientos de hasta 130 millas por hora. La mitad de las tejas supuestamente más fuertes empezaron a desprenderse cuando el viento llegó a 109 millas por hora, correspondientes a la categoría 2. Pero al aumentar el viento, no hubo comparación entre lo viejo y lo nuevo. Al llegar a la categoría 3, el diseño más viejo perdió la mitad del papel embreado destinado a detener la entrada del agua procedente de la lluvia. Al llegar a la categoría 4, toda una sección de la madera contrachapada más delgada comenzó a sacudirse furiosamente, y después se desprendió de golpe.
Arindam Chowdhury, director del proyecto en el centro de huracanes de FIU, indicó que la prueba confirmó la fortaleza de los nuevos códigos. Ambos techos se veían dañados, pero el nuevo perdió principalmente sólo tejas. Su papel embreado y las planchas contrachapadas más fuertes se mantuvieron en su lugar, lo que podría impedir la entrada del agua impulsada por el viento, que es la causa principal de los daños causados por los huracanes. Pero la prueba también motivó preguntas sobre la precisión de la calificación actual de las tejas que se supone que resistan vientos de 130 millas por hora.
El huracán Andrew, que azotó el 24 de agosto de 1992, causó pérdidas calculadas en $26,500 millones, pero sólo una pequeña parte del sur del condado de Miami-Dade sintió sus ráfagas más fuertes.
El centro de investigación de huracanes de FIU, establecido originalmente después de Andrew con fondos privados de la campaña We Will Rebuild en Miami-Dade, ha sido ampliado a lo largo de los años con apoyo estatal, federal y privado de las industrias de los seguros y de la construcción de techos.
Aunque los investigadores todavía están evaluando el sistema, Chowdhury indicó que FIU ya lo ha utilizado para probar algunos nuevos diseños de construcción. La universidad espera patentar la técnica y encontrar una compañía que la desarrolle.





























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