Soy salvadoreño y el mes pasado, tras de una gestión exitosa de asilo, que la hice solo, tuve la enorme alegría de que me llegara la tarjeta de residente legal de este magnífico país. Junto con mi satisfacción por haber escapado de la persecución de las maras en mi tierra y obtenido aquí la protección de EEUU, me surgen ahora nuevas preguntas. Allá me quedó mi novia, una bella relación de varios años, aunque siempre plagada por el insomnio y el temor. (Ella tiene 25 años, yo tengo 30.)
¿Cuáles son mis pasos a seguir para sacarla de ese infierno e iniciar nuestra nueva vida juntos en EEUU?
E.F., Southwest Ranches, Florida
Ante todo, ¡felicitaciones! También yo huí de la persecución y de la muerte escapando a tiempo, de niño, junto a mis padres, del flagelo nazi en la Alemania en que nací. Usted en pleno siglo XXI, yo en 1937 -- ¡setenta y tantos años antes!-- durante el cuarto de siglo que un loco, Adolf Hitler (ni aun siquiera alemán, sinoaustriaco), se apoderó del mando de una de las naciones más cultas del planeta e inventó una distorsionada versión de la historia con la cual embaucó a 60 millones de alemanes.
Pero hoy, cuando el nazismo ya no es más que un trágico recuerdo, nacen y se propagan otros odios, otras persecuciones, otros peligros. Esta vez, en su país (al menos en regiones agrestes), no ondea la svástica (el emblema del nazismo), sino en su lugar el trapo garabateado “Mara 13” ó “Mara Salvatrucha”, que ni siquiera representa una ideología, por demás, fracasada, sino una asesina corrupción social movida por simple extorsión. En EEUU se han refugiado no menos de 200,000 salvadoreños (quizás son muchos más) y la residencia por asilo que usted festeja con comprensible alborozo es la dádiva que Dios benevolente ha otorgado a los perseguidos que hallaron bendito refugio acá– como usted
Su pregunta concreta -- ¿cómo saco a mi novia de allí para iniciar una nueva vida en el cimiento libre de EEUU? -- no tiene, lamento decírselo, una solución rápida derivada del éxito de la gestión que me relata. Si usted hubiera triunfado en todo lo que me cuenta habiéndose previamente casado con ella, otro gallo les cantaría... El cónyuge de un asilado (y sus niños, cuando los hay) tienen entrada a EEUU mediante una petición especial, la I-730, paso lógico para no desunir una familia. Pero un noviazgo (por real y sólido que sea) no crea una familia a los ojos de la ley.
No se deje convencer de lo contrario por quien le hable de una petición de Fiancée (petición por prometida). Esta clase de petición existe, pero sólo pueden presentarla peticionarios ciudadanos de EEUU (!). Por supuesto que el ciudadano no tiene que serlo de nacimiento, sino que el extranjero naturalizado tiene el mismo derecho y potestad. No existe diferencia legal a ese efecto entre el ciudadano estadounidense nacido en Florida, en Ohio, ó en Dakota del Norte (hasta nuestro Presidente Obama es nacido en Honolulu, Islas Hawai, EEUU, según su presentado Certificado de Nacimiento). Pero San Salvador, Suchitoto, ó Ahuachapan, por ejemplo, no están en el mapa de EEUU sino en el puro y nato de El Salvador. Un salvadoreño nacido en cualesquiera de esas u otras localidades de ese pintoresco país, bien puede hacerse ciudadano de EEUU – usted ya dio el paso inicial – al hacerse primero residente de nuestro país, y 5 años después, si así lo decide, naturalizarse como un nuevo U.S. Citizen...
Antes de esa empresa (acortada un año por razón de su asilo-- mire la fecha en su tarjeta de residente) usted no podrá traer por su propio derecho a su... no-esposa, sino, por el momento, amantísima novia. Por supuesto que ella podría hacer gestiones para llegar a EEUU por su propia cuenta, y si tiene éxito en el amoroso intento, unir su vida y su destino al de usted en tierra estadounidense. Finalmente, en cuanto a obtener asilo desde dentro del país de la alegada persecución, tendría que intervenir en ello el gobierno mismo (Washington, D.C.), como lo acaba de hacer Quito, Ecuador, en el renombrado caso Assange – algo muy elevado y excepcional, muy distinto al de una simple novia enamorada de su paisano asilado en EEUU...
MANFRED ROSENOW es un
abogado y periodista de Miami
especializado en temas de inmigración.
Escríbale a El Nuevo Herald,
1 Herald Plaza, Miami, FL 33132




























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