CIUDAD DEL VATICANO -- Tres meses después de la detención en mayo del mayordomo del Papa por el robo de documentos confidenciales, el caso Vatileaks sigue envuelto en el misterio: la tesis del hombre que actuaba solo quedó descartada y la del complot no tiene suficiente base.
El hecho sin precedentes para la Iglesia Católica se desencadenó el 23 de mayo, tres días después de la presentación en Roma del libro Sua Santita (Su Santidad) del periodista italiano Giancarlo Nuzzi, basado en cartas y documentos personales sustraídos del apartamento privado de Benedicto XVI.
El allanamiento del apartamento del mayordomo, Paolo Gabriele, confirmó que el hombre de confianza del Papa conservaba numerosas cartas, escritos y fotocopias de los mismos documentos publicados en el insólito libro de Nuzzi.
“Paoletto”, la primera y última persona que el Papa veía todos los días, fue detenido y pasó 53 días en una celda ubicada detrás de la basílica de San Pedro, al término de los cuales le concedieron la detención domiciliaria, siempre dentro del Vaticano.
Ante las autoridades judiciales vaticanas, el mayordomo papal, un católico devoto que inició su carrera lavando patios, confesó que se sentía “invadido por el Espíritu Santo” para develar “el mal y la corrupción” que cunde dentro de la Iglesia, angustiado por la manera con que dejaban de informar al Papa sobre los escándalos en su pontificado.
El 13 de agosto, la magistratura vaticana pidió que se juzgue al mayordomo Paolo Gabriele por “robo agravado”.



























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