La vida es maravillosa si no se le tiene miedo.
Chaplin
Hay una relación estrecha entre las consultas de opinión y la atmósfera de miedo que en algún momento prevalezca. No había querido tocar este tema para que los lectores no me malinterpreten dado que, como suele decirse, son los que se mofan de las encuestas los peor tratados por ellas. La política electoral del gobierno se diseñó sobre la idea de la supuesta “ventaja abrumadora” del presidente Chávez sobre el candidato Capriles Radonski. Los emisarios del gobierno se desplegaron por muchos países del mundo, llevando la bolsa en mano y una batería de encuestas amigas. Se propusieron –diría con éxito– sembrar en tirios y troyanos que la reelección del presidente estaba cantada y por lo tanto la alternativa democrática perdía su tiempo si no se resignaba a aceptarlo.
Si en ese momento hubiera intentado demostrar la naturaleza de semejante argucia, los lectores, entre divertidos y preocupados, tal vez no me hubiesen tomado en serio. Pero ahora cuando la campaña ha tomado cuerpo y los sondeos independientes hablan de cruce de líneas y de victoria de Capriles, es una buena ocasión para entrarle al tema. Las propias consultoras concertadas con el gobierno han podado sustancialmente sus cifras, pese a que sigan dando vencedor al presidente.
Está a la vista el crecimiento impetuoso de Capriles y su fecundo intercambio con los sectores empobrecidos de la sociedad. Como no puede ir a su ritmo, el presidente Chávez ha volcado su cólera contra él. Hace relativamente poco tiempo los sondeos cambiaron pero no del todo. Hablaban de empate técnico o de ventaja estrecha del presidente. Pero en la primera quincena de agosto Capriles aparece en varias de las más importantes con ventaja sobre Chávez, con tendencia a aumentarla
Seguramente los voceros del gobierno saltarán a desmentirlo y aprovecharán la distancia para volver en medios internacionales a la teoría del “triunfo arrollador” del presidente. En este momento eso ya importa poco. El resultado se decide dentro de Venezuela en unos 40 días.
Haré dos preguntas: 1) ¿Por qué el número de indecisos sigue siendo elevado pese a la brutal polarización del país? 2) ¿Temen los consultados declarar su intención de voto por huirle a represalias gubernamentales?
La fiebre electoral en Venezuela no tiene precedentes y lo que se debate tampoco. Alrededor de Capriles se ha agrupado un vastísimo movimiento variopinto, cuya razón de ser no es debatir sobre ideologías sino sobre algo más primario: la sobrevivencia o no de la democracia, la posibilidad o no de que el proceso totalitario se consolide. Eso ocurrió en varios momentos históricos, el más notable de ellos, el de la lucha de todas las corrientes contra una dictadura militar que impedía cualquier juego democrático. Demás está recordar que esa dictadura, comandada por Pérez Jiménez, fue finalmente derrotada por aquella vastísima coalición, en enero de 1958.
El miedo es propio del animal humano, tanto como de los otros animales. Puede ser racional cuando hay causas suficientes para provocarlo, pero puede ser neurótico cuando el castigo es subyacente, la amenaza es oscura, al acecho. En un proceso electoral en el que pesen gravemente los factores autoritarios y el estado de derecho brille por su ausencia, es obvio que muchos ocultarán sus preferencias. En Colombia, México, Perú, Chile, Brasil. En Centroamérica y el Caribe, en EEUU y Canadá los electores pueden expresar sus preferencias sin temor al despido o a ser reducidos al nivel de segunda o tercera categoría.





























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