Roger Federer lo describe como su “verano mágico”.
Cuando se hablaba de que estaba en declive, que había perdido motivación, que llevaba dos años y medio sin ganar un título de Grand Slam, el suizo alteró el curso de una temporada que comenzó con Novak Djokovic y Rafael Nadal como los dos colosos.
A sus recién cumplidos 31 años, Federer afronta el Abierto de Estados Unidos otra vez como el número del uno del mundo, dispuesto a una sexta consagración en el cemento azul de Flushing Meadows para enriquecer su récord de 17 coronas de Grand Slam.
Quienes nunca dudaron de la tenacidad de Federer fueron sus grandes rivales.
“Siempre estuvo peleando. No ganó un grande en los últimos dos años, pero ahí estaba en un par de finales y siempre disputando partidos reñidos”, declaró el serbio Djokovic, el campeón vigente del Open estadounidense.
Federer venció a Djokovic en las semifinales de Wimbledon y luego superó a Andy Murray para alzarse con su séptima corona en el All England Club, un triunfo que le permitió convertirse en el campeón más longevo del torneo desde Arthur Ashe en 1975.
También volvió a la cima del ránking de la ATP y en seguida se encargó de eclipsar el récord de Pete Sampras de más semanas en el primer lugar de las clasificaciones.
Si bien perdió ante Murray en la final del tenis olímpico, también disputada en Wimbledon, Federer se consoló con colgarse la medalla de plata.
Con apenas unos cuantos días para hacer la transición de superficie, del césped al cemento, atrapó la semana pasada su 21er título en un torneo de la Serie Masters al coronarse en Cincinnati al vencer en la final a Djokovic.
Esta semana en Manhattan pudo celebrar sus 31 años con una fiesta en la que estuvo rodeado de divas de la moda como Anna Wintour y Vera Wang y estrellas de Hollywood como Nicole Kidman y Bradley Cooper.
¿Se siente mejor que nunca a sus 31?
“La verdad que no”, dijo Federer. “Estoy contento yno necesito sentir que tengo otra vez 25 años. Estoy feliz con mi edad”.


























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